miércoles, 27 de febrero de 2013

ME GUSTAN LOS BICHOS



20 horas. Es lo que duró el viaje de Buenos Aires a Puerto Madryn. 20 horas puede parecer y parece mucho, muchísimo para un simple desplazamiento nacional, pero tras 2 semanas en este grosso país, 20 horas de viaje en autobús nos parecen un paseíllo de lo más agradable. A favor, que los autobuses están super mega equipados y si consigues los asientos de delante en el piso superior te sientes como pilotando el Enterprise. En contra... nada, aparte de que al bajar tu cuerpo no hace mucho caso a tu mente, todo lo demás es perfect, hay hasta café calentito para tirártelo por encima en cualquier bache.



Como la idea al dejar BsAs era ir hacia el norte, no teníamos ni la menor idea de lo que nos encontraríamos en el Sur, así que la mítica Patagonia se abría paso a ambos lados de la carretera a nuestra llegada a la región de Chubut. Fuimos en busca de avistar ballenas en la increíble Península Valdés y encontramos básicamente tres cosas: tours, arbustos y más tours. Lo cierto es que hay tal cantidad de vida natural en estado salvaje que te sientes como interrumpiendo un documental de national geographic, y la forma que tienen los argentinos de preservar ese pequeño tesoro es controlar todas las actividades por medio de tours.



En general no nos apasionan los tours pues te dejan pocos grados de libertad, pero te permiten conocer gente variopinta y compartir experiencias curiosas, como cuando visitamos Punta Ninfas para caminar literalmente entre elefantes marinos en libertad; sin darnos cuenta nos encontramos en la parte de atrás de un jeep compartiendo mate con una uruguaya y un chileno. Pensábamos que ésa peculiar costumbre era sólo patrimonio de los argentinos y se tomaba en el relax y la intimidad del circulo cercano, pero en realidad lo que más les gusta es compartirlo y se diría que disfrutan más ofreciéndolo que tomándolo propiamente. En Puerto Madryn hay cientos de actividades por hacer, pero sólo una es obligada, visitar la Península Valdés: En este increíble rincón del planeta, los leones marinos han ganado la batalla a sombrillas y tumbonas y pudimos verlos criando y compartiendo su trocito de mundo con elefantes, pingüinos como peter por su casa y armadillos oliendo las pezuñas de sus amiguetes los guanacos. Muchos bichos de los que creemos que solo crecen en zoos, en pura libertad. 



Vigilá con el ripio! Ripio: dícese de todo aquel camino, carretera o autopista que, por algún motivo en particular aún desconocido, no está asfaltado, o sea que es de gravilla. O de tierra directamente. O de baches y piedras sin más, aunque sea la carretera más importante del país, como la legendaria ruta RN40, que recorrimos hacia el norte y hacia el sur. Con razón las carreteras están salpicadas cada poco de gomerías, minitalleres para reparar ruedas y derivados del párkinson. Como decíamos, en esta parte de la Patagonia, el paisaje básicamente son arbustos y… y ya. Arbustos hasta donde llega la vista. Así que tras conocer a casi toda la fauna del lugar y a una pareja de alemanes muy majos que estaban en nuestro hostel decidimos dejar Puerto Madryn y cruzar todo el país en dirección oeste para llegar a Bariloche.






14 horas de voyage y cero idea de lo que nos íbamos a encontrar. Y de repente… Explosión de colores! Suiza, Waden Waden, Baqueira, Milka, Aspen, Heidi, Saint Moritz, pero sin nieve. No hace falta decir nada más, no? Llegamos a un hostal todo de madera, en cualquier momento parece que va a salir un ciervo del jardín a saludarnos pero… y porqué no? Aquí todo es posible, tres días bastaron para hacernos una idea de lo que es la vida en Bariloche. El primero con una ruta wapisima en bici por los lagos de la peninsula Llao Llao.




El segundo, nuestro primer trekking!! una caminata de 4 horas al glaciar tronador (al resquebrajarse retruena en todo el valle, espectacular), que nos pasó volando en compañía de Marina, una valiente chica francesa con la que congeniamos mucho. El día siguiente recorrimos hacia el sur parte de la legendaria ruta RN40, la carretera más larga del país (5.000 km), hasta llegar a El Bolsón, un pueblecito neohippie, creado bajo los ideales de los 70 y conservando la tradición de elaborar su propia cerveza casera.



Muy animados por el precioso valle en el que se encuentra, nos decidimos a realizar una ruta que nos recomendaron para tener buenas vistas del pueblo. Lo que a priori parecía un sencillo sendero se convirtió en una durísima ascensión de dos etapas, la primera hasta el bosque tallado, una peculiar explanada salpicada de extravagantes figuras de madera. Exhaustos, nos planteamos seriamente si seguir los 300 metros de subida infernal hasta el refugio de nombre Piltriquitrón. Lo hicimos, y al llegar, la sensación tan inmensa de mirar cara a cara al mundo nos hizo olvidar todo el esfuerzo y sudor. Estábamos en un balcón privado donde sólo cabíamos nosotros y las infinitas montañas de los Andes.


ELLA Y LA LUNA


Dejamos para el último día el recorrido de los siete lagos. Nos habían avisado que visto uno, vistos todos....pero ya fueran 7 o 70, nos seguía sorprendiendo descubrir cada uno de ellos. Fuimos en coche alquilado para escapar un poco de los malditos tours, y eso nos permitió encontrar uno de los lugares más idílicos que hemos visto hasta ahora: Wirkaleufu, en lengua Mapuche, el rumor del arroyo. Pasamos la noche en una cabaña de cuento con ese rumor y rodeados de conejitos curiosos que venían a jugar al pica pared, como si los hermanos Grimm hubieran soñado Alicia en el país de las maravillas.





PD: Sorry porque esta entrada ha quedado eterna, intentaremos postear más a menudo para aligerar!! Por cierto, CONCURSO!! El primero que adivine qué inspiró la isla de ésta foto recibirá un regalito nuestro!!
pista: NO es un sombrero! (me siento como Jordi Hurtado, jojojojo)



Pere & Didi

sábado, 23 de febrero de 2013

MUY BUENOS AIRES

Apagá el aire, chavón!! Nada más subir al avión no tuvimos otra chance que sentarnos y ver la película en 3D que teníamos justo enfrente; un grupo de estudiantes argentinos judíos de vacaciones por Europa de regreso a su país contándose unos a otros las aventuras de su viaje. Un auténtico espectáculo, de palomitas y media sonrisa perenne. El avión lo cogimos en Roma, y pese a saber perfectamente el aeropuerto de ida y el de llegada, el destino de aquél avión en concreto es el más incierto de todos los que hemos cogido nunca. A menudo nos mirábamos esperando que el otro tuviera la respuesta a todas las preguntas que iban y venían en nuestras cabezas, pero no, ninguno tenía ni tiene la respuesta. Aun no, si apenas llevamos una semana!


                        
                              


La verdad es que los motivos que nos han llevado a esta locura son muchos y muy dispersos, imposibles de resumir o esquematizar, hay una pequeña parte de locura y ganas de hacer algo diferente, gran parte de sueño hecho realidad, una parte aun más grande de ganas de arrejuntarse de una vez por todas y mucho condimento de amistad y ganas de vivir al máximo. Todo el mundo tiene sus motivos en cada acción que emprende en la vida, el nuestro era cumplir un sueño que suele estar en el imaginario vital de todos, en algunos casos desaparece con los años, en otros casos queda anclado al menú inicio de por vida sin darle más importancia y en otros casos... se cumple. Porque se puede, y tanto que se puede!

El arte urbano puede dar mucho juego


Así que cargados con algunos miles de preguntas sin respuesta aparente más dos mochilazas por barba llegamos al primer destino: BsAs!! Es una ciudad wapa, con rasgos obviamente sudamericanos que te permiten vivir su pequeño caos costumbrista, pero salpicada de europeísmos neocon tipo los renovados Puerto Madero o el barrio de Palermo Soho para pasar un ratito de lo más cool. Qué hicimos? lógico, perdernos por sus calles, buscando sin prisa los colores en la Boca y el relax en sus parques y avenidas. Cómo no, la avenida más grande del mundo, qué decís pelotuuudo, del universo enteeero, está en Buenos Aires, es la avenida 9 de Julio, pobrecitas Castellana y Diagonal...


El famoso caminito
Uno de los muchos arboles decorados

Un parque de palmeras
        
Por cierto, nos hablaron de peligrosidad, robos, billetes falsos... ni rastro. A nosotros nos transmitió muy buenas vibraciones, nos hospedamos en el barrio de San Telmo, cuna del tango, y caminar ya entrada la noche en busca de una empanada de carne y encontrar una sala donde los propios porteños aprendían pasitos de tango nos dio... eso, buena onda ché.




Puente de la mujer en Puerto Madero

Un pedacito de Tárrega


   Estuvimos tres días en los que hicimos y comimos casi de todo, nos quedó algo muy importante... ver un partido de Boca Juniors! no por falta de ganas, la verdad es que es francamente   difícil conseguir boleto para ir al estadio, pero mientras sigamos en Argentina mantendremos la esperanza! Por el momento, hicimos el primer cambio a nuestra ruta, pues teníamos pensado ir directamente hacia el norte y las cascadas de Iguazú pero decidimos ir a recorrer la Patagonia. Pese a que todo el mundo, autóctonos o no, nos ha hablado muy bien, no tenemos ni idea de lo que nos espera. De momento, 18 horas de Autobús coche cama para ir de Bs As hacia Puerto Madryn. Parece una tortura de viaje, pero fue increible!!





Casa Rosada

Un trocito de obelisco

Puerto Madero 

En omnibus por La Pampa