lunes, 25 de marzo de 2013

BRASIL 1 - LA VOLTERETTA 0


Conocimos una pequeñísima parte de este gigante llamado Brasil, aun así pudimos mantener una estrecha e intima relación con cada uno de sus mosquitos. Dramático. Pero todo a su tiempo. Brasil es un país que crea proporcionalmente tantas expectativas como miedo te hayan metido en el cuerpo. Tuvimos un inicio difícil, digamos que no fue llegar y que nos coronasen rey y reina del carnaval, porque no todo iba a ser una sucesión de asados y playas infinitas. Fue una gran mierdaventura el caminar como pringaos unos 10 km, de noche por una fea carretera y cargados como llamas bajo la lluvia para sellar los pasaportes entre las aduanas de Uruguay y Brasil que, por lo visto, no las pueden poner una al lado de la otra como en otros países. Salimos de Uruguay por el pueblo fronterizo de Chuy, un villorrio con una avenida que separa las dos naciones, donde pasas de poder discutir en un perfecto español sobre el Tiempo perdido de Proust en el lado uruguayo a, cruzando la calle no conseguir pedir ni una botella de agua en el lado brasileño. Tras la odisea aduanera llegamos literalmente en el último minuto a tomar un ómnibus hacia Porto Alegre, a mitad de camino de nuestro destino, Floripa. No nos despedimos de Chuy, ni siquiera nos giramos, sólo alcanzamos a decir Never More y por fin... Sambaaaa!!!




Entre buses, tuvimos unas horas para visitar Porto Alegre, en el estado de Río Grande do Sul, arquitectura típica Brasileña, o al menos eso decía un folleto turístico, bastante alegre y vivaz desde primerísima hora de la mañana, dicen que por la noche mejora.




Al llegar por fin a nuestro soñado destino, un paraíso prometido en forma de isla brasileña llamado Florianópolis tampoco se puede decir que fuéramos recibidos con vítores y alfombras rojas, como era costumbre...

- Al sacar el dinero de toda la semana, el cajero se tragó nuestra guita eructando ruidosamente después de la operación. Obrigado. 
- Alquilamos un flamante coche que a las pocas horas de circular miró al cielo, vió los nubarrones, nos deseó suerte y murió. Obrigado.
- Yes, época de lluvias. Las dos vicisitudes anteriores y los dos días siguientes fueron amenizados por unas exageradas tormentas tropicales y espesas nubes que siempre, siempre te pillaban por sorpresa en plan correo comercial y te calaban hasta el ombligo. Muuuito Obrigado.




Estas pequeñas anécdotas nos ayudaron a comprender una cosa: Los brasileños son unos cachondos. En plena tormenta, con la mala onda del cajero tragón y empujando el coche estropeado hasta un bar, consigo llamar al tipo del alquiler del auto que, mientras me caía agua hasta de las pestañas me pregunta
- Amigo españooool, como va todo?
- Mal, el coche está ko.
- Qué pasó?
- Ni idea, eructó y murió, estamos calados hasta arriba, puede alguien venir a buscarnos?
- Claaaro amigo, dime exactamente en qué playa estás.
- WTF??? no sé estoy en un bar aquí en...
- Nooo, nooo, dime exactamente en qué playa estais?
- La madre que me p... Pues mira estoy aquí estirado en la arena leyendo el periódico "O Globo" sorbiendo un mojito y viendo bailar a 20 brasileñas con los pies metidos en el agua. Ah no, no sólo los pies, es que yo entero estoy en el agua porque está diluviando, kedao, cómo voy a estar en la playa??
Tal cual. Al fin solucionamos el pequeño incidente que, entre otras cosas nos ayudó a practicar un poco de portugués. Porque con un brasileño no hablas inglés, con el que te entenderías perfectamente, ni español, por deferencia a su lengua, hablas algo raro que no es ni portuñol, donde tu sabes que no te entiende y él piensa que eres lerdo, pero te crees que puedes hacerte entender aunque el ridículo para articular dos palabras es mayúsculo. Probadlo, de veras, lamentable.




Al cabo de un par de días, la espectacular salida del sol coincidió con otra llegada igual de radiante: Fran! Una chiquita chilena pizpireta y con mucha luz, una pequeña Salma Hayek con el carácter de Madonna; casi nada. Se unió a nosotros nada más conocernos en el hostel para recorrer Floripa en cualquier dirección: al sur a pasear por increíbles playas donde surferos y pescadores se reparten las olas, o al norte hacia Praia Joaquima a hacer sandboard, que como dice su nombre, se trata de esparcir parte de tu epidermis por unas empinadas dunas intentando mantener tus órganos intactos con una tabla pegada a los pies.




Una muestra del carácter de Fran la tuvimos el primer día desayunando en el hostel. Un imponente argentino de metro noventa estaba untando su dedo en las diferentes mermeladas cuando una voz aun más imponente cruzó todo el comedor: "Flaco!! que de ahí comemos todos!!" y dirigiéndose a nosotros en su tono natural, mucho más suavecito, "perdónenme, es que estas cosas me levantan las pasiones, cachai?". Grande Fran! Una de nuestras excursiones más destacadas, fue una recomendación de los lugareños desde playa Matadeiros, que como su nombre bien indica pretende un sinfín de veces que perezcas en el intento, pero esta insinuación no se nos pasó por la cabeza. Mientras caminábamos a cuatro patas por medio de la selva nos repetíamos que aquello no podía ser el sendero, tan sólo el cauce de un río, así que en plan salmonetes conseguimos cruzar la primera montaña, sólo nos quedaban tres más... Fue una caminata que de haber podido despegar los ojos del suelo para no estamparnos podría haber definido como espectacular, selva, mariposas gigantes y riachuelos para refrescarse, si hubiésemos tenido un machete lo habríamos utilizado, seguro. Tras casi tres horas llegamos a una playa que bien merecía el esfuerzo, perdida y agreste, de nombre Lagoinha do Leste, donde reposamos y recuperamos fuerzas. Sabíamos que había otro camino para salir de ahí, más corto pero mucho más duro, y lo tomamos por miedo a que oscureciera pronto. Justo cuando empezamos una subida por la selva, que muchos definían como descorazonadora, pasó lo último que esperábamos en ese momento. Impacto Total. Vemos asomarse entre los arbustos una muleta, dos muletas y al dueño cargado con una supermochila. Un chico minusválido había conseguido hacer un recorrido el doble de difícil que el nuestro! debíamos de ser unas diez personas que estábamos en la playa a punto para empezar ese camino, y al ver aquéllo, todos, sin mirarnos, le hicimos un pasillo y aplaudimos su llegada sin creer lo que estábamos viendo. Súper emocionante. Gran lección de superación, el camino de vuelta lo hicimos todos sin rechistar y aún a día de hoy seguimos pensando en el chico de la muleta. Ya caía la tarde al acabar el sendero, momento preferido por los mosquitorros para merendar, así que cada uno de nosotros íbamos con un séquito de cincuenta amiguitos que se lanzaban en plan kamikaze a la mínima oportunidad. Horrible. Estabas deseando acercarte a algún cardo o cactus del camino para que te rascase. A mi particularmente me picaron los cincuenta, true story, a pesar de la ropa larga, oscura, repelente del güeno, ni caso a todas mis prevenciones. Sólo espero que ninguno de ellos fuera muy de llevar dengue.









Al día siguiente, no contentos con los cientos de picadas que decoraban nuestro cuerpo decidimos hacer otra caminata para llegar a otra playa desierta, Naufragados. El sendero fue otra vez exuberante  aunque se podían intuir los mosquitos haciéndonos el pasillo y sentándose a la mesa con los cubiertos preparados para nuestra vuelta. La playa en sí era brutal, pura vegetación golpeada por las olas, y se convirtió en perfecta cuando vimos llegar una barquita que traía víveres a una especie de bar que había allí mismo. Preguntamos a la capitana si sería tan gentil de, respondió que tudo bem, subimos sin pensarlo y volvimos por mar pegaditos a la costa saludando de lejos con un pañuelo a nuestros beloved mosquitos, muuuuito legal!! Para celebrarlo por la noche comimos una seqüença do camarâo, que son unos 7 platos de gambas preparadas de diferente forma, tipo ajillo, vapor, fritas, rollo Bubba Gump, y todo riquísimo, festival!






El último día de nuestra miniexperiencia brasileira fuimos a Ilha do Campeche, una islita muy peque pero con una playa considerada en el top 3 de todo Brasil, y si, damos fe, era lo más parecido al paraíso que hemos visto. Paseando por la harina entre palmeras, loritos y coatíes, nos dimos cuenta de que era nuestra última noche, al final el gigante nos venció, aunque reconocimos que ni quedándonos un año entero cambiaríamos el resultado, porque Brasil siempre te gana, y tienes que dejarle a deber otra visita. Para acabar bien la experiencia carioca probamos un ratito el stand up paddle, o remar de pie en una megatabla de planchar rezando para que cuando caigas, el ridículo no sea muy espantoso. Cool!






Y de ahí a la estación de buses. Dirección Foz do Iguazú, lo que en principio tenía que ser el primer destino de esta vuelta al globo, llegaba con mes y medio de retraso pero llegaba al fin; billete Florianópolis - Foz, coche cama, 12 horas y como nuevos, pero lo más importante, nuevo fichaje de LaVolteretta: Aldo, chileno pero también con acento venezolano o paraguayo según convenga en la taquilla para que le hagan el descuento de mercosur, personaje protagonista de las cataratas más espectaculares que la naturaleza ha regalado. Se pueden observar desde dos países, el lado brasileño, con vista más panorámica ya que mires hacia donde mires veras columnas gigantes de agua precipitarse con pasión. Cruzando la frontera, ya desde el lado argentino, tienes unas vistas más cercanas y puedes observar justo encima de una gran caída, llamada la garganta del diablo, como mariposas o vencejos se acercan a la gran cortina de agua sin inmutarse ante la violencia del agua. Gozan de un punto en común, ambas te dejan boquiabierto, pero entre los cientos de opiniones que se decantan por un lado u otro, suele haber una clara mayoría. Nosotros estamos en esa mayoría, pero mejor intentad haceros vuestra propia opinión, a ver si coincidimos!







Para cerrar estos dos días de cataratas, nada mejor que intentar hacer nuestra propia parrilla. Esto se transformó en un reto tras los continuos desánimos de los argentinos, expertos parrilleros. Pero aquí llegó Pedri con su frontal en la cabeza y un tenedor en la mano para demostrarle al mundo que el friki también puede cocinar una estupenda parrilla mientras los demás rezábamos con vino desde la mesa por los alimentos que presuntamente iban a ser comidos. A las brasas el volcà Adserà no falló. Fue una gran noche de risas, compartiendo vino con el gran Aldo y dos inglesas de lo más gracioso que hemos conocido, tanto que merecerían un post aparte. Las habíamos conocido días antes en un autobús de Floripa cuando en una curva cerrada una de ellas, muy bien agarrada... a su propia mochila, salió literalmente volando al grito de oh my gosh, mientras la otra le preguntaba what are you doing totalmente impasible. La verdad es que no daban una a derechas, una pensaba que la otra hablaba español perfecto, cuando en realidad la única palabra que conocía era... bambino. Enormes! Al final todo salió perfecto, la carne argentina nunca falla, y podríamos decir que el vino está al mismo nivel, así que muy animados rematamos la noche con unos tragos en un bar muy wapo llamado el Quitapenas. La vuelta al hostel, ni idea.




Y llegó la hora de continuar camino, nos adentrábamos en la provincia de misiones para descubrir el apasionante mundo de los jesuitas y los guaraníes. Despedirse de Aldo fue para nosotros de lo más difícil en este mes y medio de viaje, un gran gran tipo. Compartes días y momentos intensos con alguien, y cuando eres consciente de que te llevas realmente bien, te separas siendo aún más consciente de que es muy posible que no te vuelvas a ver. Aunque en este sueño que estamos viviendo cabe todo, y si no cabe nosotros nos encargamos de que se haga realidad. Así que, ciao Chileno, hasta mañana!



By Pedri & Didi

domingo, 17 de marzo de 2013

ESO DEBE SER MONTEVIDEO , NO?

El transporte en Argentina, además de caro, es peculiar. Un billete de avión puede salir más caro comprándolo con antelación o, con suerte, más barato que un ómnibus comprando el billete el mismo día. Escogimos la segunda opción para volver del Calafate a Buenos Aires, y además de ahorrar algún pesito esquivamos otra maratón sobre ruedas, así que tomamos el avión decididos a encaminarnos hacia las cataratas del Iguazú, lo que era en teoría el primer destino del viaje. Por tema horarios, esa noche dormimos en el establecimiento más low cost hasta el momento... el suelo del aeropuerto. Lethal Damage. Por suerte teníamos wifi para mirar los autobuses hacia Iguazú y la provincia de Misiones.




Al sonar el despertador de la ordenada algarabía del aeropuerto, nos desperezamos muy dignamente y abandonamos nuestro spa natural de mármol para ir hacia la terminal de ómnibus. Estábamos en el aeropuerto nacional, bastante céntrico, así que al salir nos encontramos directamente con un radiante Río de La Plata que nos devolvía toda la luz de un perfecto sol matutino. Al acercarnos a los pescadores vimos al otro lado de la bahía algunos edificios y lo que parecían rascacielos.

- Mira cariño, eso debe ser Montevideo
- Sí? parece que está cerquita
- Claro, son vecinos, aquí debe ser muy normal ir a pasar el día.
- Vaya. Uruguay. Qué se conoce de Uruguay?
- Ehm...
- Ah...
- ...
- Vamos?
- Vamos!

Bien, ni era Montevideo ni seguramente Uruguay, de hecho agradeceríamos mucho que alguien nos iluminara para saber qué cazzo eran esos edificios del otro lado de la bahía, aunque bendita ignorancia, en lugar de ir hacia la terminal de ómnibus nos bajamos un poco antes, en la terminal de ferrys de Puerto Madero. La conversación que sigue es no recomendada para mayores de 13 años:

- Hola, queríamos un ferry para ir a Montevideo, Uruguay.
- Hay uno que va a Colonia en 1 hora
- Colonia... es Uruguay?
- ... Claro, señores.
- Y Colonia... mola?
- ... (Poker Face)...
- Ok, dos billetes a Colonia.

Y de esta absurda forma nos plantamos en Uruguay sin mucha idea de qué nos íbamos a encontrar. Perdón, sin ninguna idea. Pero teníamos un nombre: Pia! Una amiga uruguaya que nos ayudó mucho a trazar un itinerario perfecto en este little big country. Porque Uruguay nada más llegar te ofrece una buena onda difícil de encontrar, muy buena gente, trato genial al turista, es exuberante como Brasil y agradable como Argentina. Quizás no está muy preparado para el turismo porque a veces te toma 6 horas para hacer 30 km (de ahí que a menudo fuéramos a dedo), pero eso le da un aire inusual de lo más interesante.




Colonia es un pueblito dispuesto a lo largo de la ribera del Río de La Plata (quién le puso el nombre?) que se disputaron españoles y portugueses durante unos cuantos siglos hasta conseguir la independencia. Y ciertamente tiene un aire colonial que enamora, llena de coches antiguos y calles empedradas en las que da gusto pasear. De día es un pueblito tranquilo, gente en las playas y nadie en el agua (repito, quién le puso el nombre?), por la tarde es un bullicio de gente contemplando el atardecer en grupos donde once de cada diez toman mate, y al caer definitivamente el sol sobre el río (ah, ahora ya sabemos de donde viene el nombre) se convierte en un bucle de calles y locales decorados con muy buen gusto donde esconderse en un rinconcito a degustar un buen vino y una picada (tabla de quesos y ahumados).







Colonia - Montevideo, 3 horas por medio de campos muy llanos, muy verdes y con infinitas vacas pastando entre palmeras. Montevideo se hizo mucho más ameno gracias a Gabriela, la mami de Pia que nos hizo un minitour en coche por el centro mientras nos explicaba algunos detalles de la vida en la capital más segura de sudamérica. Un corto paseo, un mítico chivito a la salud de Pia y rumbo a las playas!




Primera parada La Paloma, típico lugar de vacaciones en temporada baja, donde paseamos y paseamos por infinitas playas desiertas. Justo en el último paseo antes de dejar La Paloma, encontramos a dos chicas que habíamos conocido en Colonia que nos convencieron para cambiar de hostel y sin esperarlo pasamos una genial noche en el hostel La Balconada, compartiendo un asado Uruguayo con gente super agradable de todos lados del globo.





Cabo Polonio: hace más de quince días que estuvimos y todavía no sabemos describirlo a quienes nos preguntan. Supongo que peculiar. Quizás diferente. Libertad, buena onda, naturaleza hippie, no hay normas, hay delfines y lobos de mar, es otro planeta en otro siglo, calles de arena y cabañitas a 20 metros del mar, donde agua y luz han llegado hace apenas un par de años. Ahí estuvimos, en nuestra pequeña cabaña viendo amanecer con los pies enterrados en la arena y observando jugar a los delfines al caer la tarde. Fue una de las experiencias más intensas y sorprendentes en lo que llevamos de viaje.






De Cabo Polonio sólo se puede salir en unos todoterrenos colectivos que van por las dunas, y aunque sólo estábamos a 30 km de Punta del Diablo tardamos una eternidad en llegar. Es un pueblecito de pescadores y cabañas habitadas por surfers buscando buenas olas por la mañana y comiendo buenos asados por la noche. Entre ellos, nos dedicamos a descubrir sus playas, increíbles todas, y a recorrer un parque plagado de naturaleza: a un lado playa virgen, y al otro verdes palmeras y cientos de loritos, el fuerte de Santa Teresa. Uruguay en si es un país muy seguro, puedes dedicarte a saltar dunas sin preocuparte de tus pertenencias, aun así, nosotros teníamos un muy buen guardian!






Llegó la hora de dejar Uruguay, tremendo trocito de tierra al que entramos con la idea de acercarnos a Iguazú, pero que nos condujo sin nosotros esperarlo a un destino muy diferente... lo único que recordamos es estar caminando por una carretera a oscuras durante kilómetros y kilómetros cargados con todo el mochilamen y preguntando a gente que no entendía nuestra lengua tratando de llegar a tiempo a sellar la salida de Uruguay en nuestros pasaportes, y cómo no, la entrada al siguiente país...






By Pere & Didi