domingo, 28 de abril de 2013

ASELVAJADOS


Horas antes de dejar Cusco no teníamos ni idea de adónde ir, aunque las opciones no eran muchas. Continuar hacia Arequipa, o retroceder para ir hacia la selva, la jungla, el amazonas salvaje, a cazar o ser cazados por animales de los de verdad. Suena bien, pero cuando buscamos información para ir, entiendes que todo son tours a precios que lo piensas dos y tres veces. Como teníamos tantas ganas de hacer un tour como de sentarnos en unos cardos, optamos por ir a Puerto Maldonado por nuestra cuenta muy felicianos, claro, la selva debe ser muy facilita de visitar.




Tras un bus nocturno sorprendentemente apacible llegamos a... La Habana! Salvando las diferencias, todo, humedad, hormigón y buen ambiente nos recordaban mucho a maravillosos momentos en la mejor isla que haya dado una revolución. Cero coches, sólo triciclos o motos, y mucho viento en la cara. Nada más llegar a la estación se nos acercó un guía para ofrecernos sus servicios con un muy buen reclamo, alejado del turisteo, cabañas en medio del Lago Sandoval y precio suuuper interesante. Entre bostezos mañaneros y cuentas mentales a medias, le dimos el si quiero, y sin que hubiera amanecido en nuestras pupilas estábamos en su casa dejando nuestras mochilas y preparándonos para 3 días de auténtica aventura.

La verdad es que dejar todas tus pertenencias en una casa de madera donde cristo perdió la zapatilla... no mola, pero de perdidos al río... literalmente, porque lo primero fue montarnos en una canoa para bajar un buen trecho del río Madre de Dios, de esos color ocre con ávidos reptiles solazándose al calor de la canícula... O sea color marrón barro y con caimanes en la orilla pensando en ir a comprar un poco de perejil para aderezarte. Como la barcaza que nos tenía que llevar estaba llena de papayas... nos montamos en una canoa de pesca. El tío que nos llevó era la primera vez que llevaba a un turista, y estaba encantao, nosotros cagaos.




La canoa nos deja en una de esas orillas, tras un árbol sale Boris, nuestro anfitrión junglero y emprendemos un camino por el que te adentrabas durante una hora y media más en la selva propiamente dicha. Llegamos al Lago Sandoval, fuente de toda la vida que nos rodeaba, nosotros batiendo récords de transpiración y el guía tan fresco. Y ale, otra horita más en canoa por el lago hasta el camino que daba, ahora ya si, a las cabañas. El planning estaba clarisimo: te levantas por la mañana y vas a explorar, comes, descansas y vuelves a explorar, comes descansas y exploras again. Es algo extraño dormir allí, ya que el sonido es tan intenso y característico que todos tus sueños no abandonan el escenario de la selva ni por un momento.




Estábamos solos porque el garito no estaba oficialmente inaugurado, mucha madera, infinitas mosquiteras y una selva entera para nosotros, fue perfecto! Boris es un tipo tímido, de los que cuando ríen y se percatan de su propia sonrisa se ruborizan, acostumbrado a estar incomunicado durante días en medio de millones de hectáreas de selva.




- Boris, crees que veremos monos?
- Es posible...
- Guacamayos?
- Quizás...
- Nutrias gigantes?
- Lo intentaremos...
- Caimanes?
- Eso ni lo dudes.

Vimos todo eso y mucho, mucho más. A las 6 de la mañana nos despertaban un grupo de 50 monitos que acababan de inaugurar una autovía en los árboles de delante de nuestra cabaña, fue increíble verlos saltar de árbol a palmera en plena hora punta sin ningún reparo,  al fin y al cabo están en su casa.




La salida acordada para ver a los guacamayos, que son los más madrugadores, empieza cuando aún no ha amanecido y quiero pensar que es por esa indigna hora por lo que conseguimos hacer un ridículo espantoso. Nada más abrir los ojos notamos el fuerte repiqueteo de gotas en el tejado, así que cansinamente y maldiciendo la lluvia, nos calzamos sendos ponchos igualitos a los que venden en Port Aventura y nuestro frontal bien ajustado. Cuando nos ve Boris de esta guisa intenta decir educadamente para no herir nuestros sentimientos:

- Chicos quizás el atuendo sea excesivo para solamente el rocío de la mañana.

Vaya que aquí cae el rocío como cuando llueve en Burgos! Media vuelta a la cabaña entre risas tontas a quitarnos todo el disfraz de guiri inepto, mientras maldecimos otra vez porque es francamente imposible volver a doblar esos ponchos...Poco después veíamos volar y desayunar a los guacamayos, loros gigantes de colores imposibles. Remando en medio del lago se acercaron a curiosear un grupo de nutrias gigantes y a lo lejos, aunque nunca lo suficiente, cruzaba el lago sin ninguna prisa un caimán de 4 metros... Ver atardecer remando en medio del lago, con el hilo musical de cientos de aves y monos, nunca podremos olvidarlo por más que quisiéramos. Fue un sueño.






Algo muy especial nos ocurrió un día a media siesta, un ruido de matorrales nos despertó del sopor del arroz frito y al asomarnos al ventanal de la cabaña ahí lo vimos, entre pequeño y gigante, tan ágil y rápido que todavía nos preguntamos si fue real: El Puma. Pero no el cantante, que eso sí que nos hubiese acojonado, sino el de cuatro patas, el rojo, el que muchos buscan durante años y nunca encuentran. Increíble.




En nuestra jungla para dos el verdadero subidón de adrenalina venía siempre con la caída del sol. Fue genial el paseo nocturno por los alrededores del lago, con los cinco sentidos puestos en los noctámbulos animalitos que se dejaban ver, y también en los que no se asomaban a la luz de las linternas, pero seguramente acechaban a escasos pasos...

- Ya estáis preparados.

- Por supuesto que sí! Pero... para qué?

- Para ir a buscar caimanes.

Caimanear,  así le llaman al paseo en canoa por el lago a la luz de la luna. Los ojos del caimán se tiñen de rojo muy brillante cuando por la noche se les enfoca con una luz. Creíamos que en el lago había algún que otro caimán pero difíciles de encontrar, aun así la sensación de peligro inminente al subir a la canoa y empezar a remar muy lentamente en la oscuridad era indescriptible. De repente la potente linterna de Boris se enciende y barre la orilla... ni Hitchcock habría conseguido contenernos tanto rato la respiración... empiezan a aparecer muy cerca de la canoa parejas de ojos endiabladamente rojos. Lo siguiente que nos anuncia mientras se anudan nuestras gargantas, es que intentaremos coger uno. Un caimán lo suficientemente pequeño para que no temamos perder un dedo, y lo suficientemente grande para que no llame a su mamá y perdamos todo lo demás. Tras una serie de intentonas fallidas le plantan a Pedri en las manos un ejemplar de tres años. Su cara lo dice todo.



El último día con sonrisa y media pintada todavía en la cara y los ojos que aún no se acostumbran a ese verde tan intenso, tomamos el camino de vuelta en silencio, intentado retener lo máximo posible el murmullo de la selva en nuestros oídos, y pensando cómo volver a dormir en paz los próximos cincuenta años sin el rugido del mono aullador al caer el sol.



By Pere & Didi

jueves, 25 de abril de 2013

INCA TRAIL, INCA FRIENDS


Desde el Titicaca boliviano fuimos directos a Cusco en el terrible cholitabus, aunque nada más llegar, con la simple visión de reojo de la plaza de armas olvidamos cualquier mal menor y nos declaramos dispuestos a disfrutar de tanta belleza... a la española! Porque Cusco es seguramente la ciudad más linda de sudamérica, pero con tanto tinte nuestro en su arquitectura que podrías estar en la plaza de Chinchón o paseando por Toledo.




Según recomendación, y sólo por eso, los dos días antes de emprender la aventura inca los dedicamos a descansar, perdernos un rato por las intrincadas calles, comer y volver a perdernos por sus plazas. Nada de esfuerzos antes del camino... quizás por eso nos gustó tanto Cusco? Pusimos a punto el equipo que necesitaríamos los próximos días perdidos en la montaña y extrañamente acertamos en algo: llevamos mínimo peso! Esto de llevar lo justito es todo un logro para Didi que solía ir cargada con un equipaje digno de la Piquer. La noche anterior estábamos algo nerviosillos y asustados por preguntas que nos habían hecho esa tarde en la agencia, como el tipo de preparación que habíamos realizado para el camino (ehm....mande??), vamos que ya nos olíamos la tostada.






Llegó el día I, 6:00 a.m, good morning Cusco, furgo con los compañeros del grupo que todavía no conocíamos y sin demora hacia el punto de inicio del mitiquísimo Inca Trail! Todo empieza en el km 82, aunque antes paramos en la plaza de Ollaytantambo para desayunar; al regresar a la furgo preguntó el guía qué nos habían parecido las espectaculares ruinas incas que se podían admirar desde dónde desayunamos... debían ser preciosas, el caso es que ni nos enteramos porque de tan gulas que somos ni levantamos la vista del huevo revuelto... El camino prometía...




Al fin llegamos al umbral del camino y al principio del principio de una gran amistad. Antes de emprender la marcha hicimos las presentaciones en el grupo. Tremendos personajes!! Éramos 8 en total, 6 argentinos y nosotros. Confirmado el amor que sentimos por todo argentino viviente.  4 eran de entrerríos y dos de la capital. Hernán y Romi, pareja en plenísima forma cuyo camino real empezaba cuando nadie podía dar un paso más. Gastón, tan en forma como los anteriores y apasionado de RF, tatoo incluido. El útlimo entrerriano merecería un post aparte, o mejor un blog entero y ni siquiera ahí cabría toda su grandeza: Juan Pedro!! El grupo lo cerraban la pareja porteña, César y Ana Clara, una pareja muy divertida, tal para cual en lo que a buena onda y alegría grupal se refiere. Y siempre cerrando el grupo el guía, Clever (qué les pasa a esta gente con los nombres??)


Són 4 días y 3 noches. El primero es una broma, el segundo te quieres morir, el tercero es inolvidable y el último día es sencillamente único.

Day 1. Juego de niños

El primer día transcurría apaciblemente siguiendo el hermoso río Urubamba, sin pendientes en el camino y conversando tranquilamente con el grupo en las numerosas paradas. A este plácido ritmo llegamos al campamento donde pasaríamos la primera noche, dos casitas al borde del camino con unas terracitas donde ya estaban montadas nuestras carpas. Quién las montó? Los porteadores, una especie de superhéroes que se ocupan de... todo. Cargan con el doble de peso que nosotros los mortales, te despiertan con un té de coca cada mañana, desmontan la tienda, preparan desayuno, comida y cena, y cuando llegas está todo montado por arte de magia. Cómo lo hacen? muy sencillo, adelantándote a la velocidad del rayo por los sinuosos caminos, con hasta bombonas de butano a la chepa, al borde de precipicios y en infinitos escalones, y en chanclas!!. Uno se podría sentir perfectamente humillado cuando es rebasado al trote por un porteador, pero simplemente es su forma de hacernos ver que todavía quedan Incas en los Valles Sagrados.




















Cenamos, nos conocimos un poquito más con el grupo y constatamos que había muy buena onda entre todos, más o menos de la misma edad y sobretodo con una misma idea, pasarlo genial mientras disfrutábamos de la sudorosa experiencia que es el camino del inca.

 - Esto está hecho!
 - Pues vaya moñas estos incas, esto es para el imserso!

Eran frases que se escuchaban en la mesa...no sabíamos nada aún ...angelicos!!




Day 2. Inca Death

El despertador inca a base de té de coca tiene dos fases. El quemazo al agarrar el vaso metálico que te ofrecen los porteadores a las 5 a.m y el subidón de la hoja de coca que te da cuando empiezas a caminar al cabo de poco. Sólo con la segunda fase ya sería suficiente pero por si acaso se aseguran con la primera.

Íbamos advertidos: Chicos, es duro. Muy duro.

- Ya será menos!!
 -Beeehh, lo subo con la punta del....

Fue peor que duro. Una subida continua hasta el paso de Warmiwañuska, a 4.200 metros. Al principio no fue mal, íbamos conversando pausadamente de cualquier cosa que nos distrajera de los cientos de miles de escalones naturales que se agolpaban sobre nuestras cabezas. En un recodo nos encontramos con Juan en el primero de los cientos de minibreaks que nos tomamos, y allí empezó una bonita historia de amor que duró todo el viaje... y mucho más! Como buen biólogo él se encontraba en su hábitat natural, y nosotros como buenos curiosos, aprovechamos los propios descansos que nos brindaba nuestra conversación a tres para conocernos y dar un respiro a nuestros pulmones.

Entre escalones, raíces de arrayanes, orquideas y preciosos riachuelos, llegamos al primer descanso colectivo. Llevábamos un cuarto del camino y ya estábamos ko, contemplamos la preciosa vista que quedaba cada vez más abajo y continuamos. Ahora sí, cientos de escalones de medio metro cada uno llevaban hasta el paso de la mujer muerta (se llama así por la forma que adopta, no porque ninguna mujer la haya palmado allí al llegar, aunque tampoco sería de extrañar) eso significa que cada dos escalones estábamos un metro más arriba y eso implica que la falta de aire nos hacía cada vez más imposible seguir. Subíamos tres con fuerza y arranque, y descansabamos uno. Un ritmo frenético.




Finalmente llegamos, daba tiempo a ponerle nombre a cada uno de los últimos 15 escalones, o al menos a pensar a cuento de que la altura de aquellos escalones, con lo bajitos que debían ser los incas... pero se compensa todo con el subidón de los aplausos de todo el mundo que estaba ya en la cima.  Tras nosotros llegó Juan, arduamente vitoreado y poco después César y Ana. El tema es que Ana llevaba una mochila dos veces su tamaño, tanto que estamos convencidos de que al menos nosotros no habríamos podido completar la subida con su mochilote. Bravo Ana!

Pero ahí no acaba todo, porque había que bajar exactamente el mismo número de escalones que acabábamos de subir (todo buenas noticias...). Llegamos al campamento con las canillas temblando, sobre las 3 del mediodía, y por fortuna ya no nos movimos de ahí  hasta el día siguiente, nos limitamos a comer, merendar y cenar, todo seguidito sin levantarnos de la mesa.




Day 3: Unforgettable

Este es el día de más hermosos paisajes, bosques húmedos, túneles naturales, caminos espléndidos recortados en pura roca, aunque también duro y exigente. Nos levantamos pronto y empezamos la dura subida a Runkurakay. Nada más empezar el grupo se ordenó como de costumbre, entrerrianos, Juan+Didi+Pedri y porteños. El guía Clever siempre iba el último de coche escoba. Es un día de subidas y bajadas, pero los paisajes son tan espectaculares que ni te enteras. En el caso de Pedri no te enteras de verdad, porque estaba tan cansado y débil que en un momento dado empezó a bajar haciendo eses y arrastrando el bastón, poseído por el ritmo ragatanga. Le dió un jamacuco casi al final del día, suerte que ahí estaba el Dr. César, que nada más verle le hizo estirarse al suelo patas arriba. Al rato se le pasó el mareo, gozó de una buena vista del camino inca desde el suelo y pudimos reemprender la marcha. Como mola tener un médico en el equipo!!

Llegamos al campamento de Wiñay Huaina casi de noche, locos por descansar, el camino empezaba a dejarnos sin fuerzas, pero la sola imagen mental de lo que nos esperaba al día siguiente te hacía mantenerte muy muy despierto. Quedaba poquísimo para llegar a la ciudad sagrada de los Incas!
Era la última noche y  tocaba despedirse del equipo de porteadores que tanto nos habían cuidado durante 3 días. Les agradecimos su esfuerzo y tras desearles toda la suerte del mundo nos metimos en las madrigueras.




Dia 4 : Once a life

Y por fin llega el día esperado, nos levantamos nerviositos como niños en el día de reyes, pero a las 3:00 a.m. Quedaba solamente una horita de camino por la selva en pleno amanecer. Lo veíamos tan cerca, que todos, sin excepción imprimimos un ritmo apoteósico para robarle unos minutos más de su atención a la ciudad sagrada. Ya nadie se acordaba del cansancio ni de la cojonuda hora a la que nos despertamos, sólo trotábamos como poseídos intentando ver más allá del siguiente recodo. Tardamos poquito en alcanzar la Puerta del Sol, IntiPunku para los amigos, que básicamente son dos columnas de piedra de 2 metros de altura, como tantas otras hay en el mundo, sólo que al cruzarlas... Tienes el gran privilegio de observar La Ciudad Sagrada de Machu Picchu, desde la distancia, como espiándola, como si realmente la estuvieras descubriendo tú mismo en ese preciso momento. Y en eso nos convertimos todos ese día, en descubridores, de la historia, de la belleza y de la amistad.




El tímido Machu Picchu se cubrió en poco tiempo de una espesa bruma que impedía verlo desde la distancia, así que recorrimos el último tramo hasta llegar a la ciudadela, y ése sí que era el definitivo, los útlimos pasos de nuestro inca trail! Recorrimos toda la ciudad, hicimos el cóndor, el cui, toreamos llamas con Juan y nos sacamos cientos de fotos... lástima que lleváramos 4 días sin ducha ni agua caliente y sólo se puedan mostrar un 1% de las fotos, las otras son demasiado...incas. De la ciudad Sagrada debería estar prohibido hablar y obligado ir a visitarla, para constatar que cada piedra que uno roza transmite magia y cada edificio es pura energía. Debió ser realmente Sagrada. Visitarla con seis nuevos amigos fue lo que confirió la auténtica magia a todo el Camino Inca. Un 10.






Rematamos aquéllos maravillosos cuatro días de la mejor forma posible: Un baño en las aguas termales de Aguas Calientes, cerveza en mano, conversando como si nos conociéramos de cien vidas. Auténticos inca friends que siempre quieren más y más alegría y buena onda, tanto es así que nos citamos para la despedida definitiva un par de días más tarde en Cusco, ya duchados y con fuerzas renovadas. Mucha gente derrama una lágrima al pasar la puerta del sol y ver el Machu Picchu, de la inmensa emoción que les embarga... Deberían probar a despedirse de un verdadero Amigo Inca.




By Pedri & Didi.

miércoles, 17 de abril de 2013

CHOLITAS AL LÍMITE


De Argentina a Bolivia se puede acceder de dos maneras; desde el pueblo fronterizo de La Quiaca, o bien a través de una máquina del tiempo, especificando retroceder unos 50 años. El bus nos dejó en la frontera tras una nube de polvo y lo único que tuvimos que hacer es seguir la corriente marcada por cientos de personas. Es como una gran migración de sombreros. Pasamos a pie y sin problemas las dos fronteras, y tras unos primeros pasos en Bolivia con cara de ¿y ahora qué? nos dimos cuenta de que nada de lo que habíamos aprendido hasta la fecha nos serviría aquí. Nuevo mundo, nuevas reglas. Puestos de comida, de artesanía y ropa invaden acera y calzada, todo tiene precio pero nada vale lo mismo, dependerá siempre del humor de la vendedora en cuestión, aunque más que hablar de vendedora deberíamos decir del personaje del mes: ¡¡Las Cholitas!!.



Independientemente de la temperatura que haga la indumentaria es la misma: faldas o polleras de mil colores que no se cambian, cada día se calzan una encima de otra hasta conseguir dos veces su tamaño natural, dos largas trenzas negras que se proyectan hacia el suelo, un bombín en plan Sabina y un mantillo multicolor a la espalda donde transportan cualquier cosa transportable, mantas, comida, bebés, no tan bebés, directamente adultos o cualquier cosa que pillen, aquí el caso es ir deslomándose con lo que sea. Seguro que el film Bolivia ganaría el Óscar a la mejor escenografía. Lo que en cualquier otro país cuesta gran trabajo mantener en el ámbito del folklore y las tradiciones, aquí lo han asumido como cotidianeidad, y la decisión con la que preservan lo tradicional de su tierra es realmente respetable, a pesar del bombin.



Con este llamativo escenario nos dirijimos a Tupiza con la esperanza de conseguir un jeep güeno y barato para recorrer los increíbles paisajes del Salar de Uyuni y alrededores. Sin darnos cuenta estábamos cargando todo el mochilaje y saliendo a toda leche hacia el árido horizonte; nos esperaban tres días y tres noches de cruzar montañas salvajes, desiertos y pasos de más de 5.000 metros para llegar al mayor desierto de sal del planeta.



Durante los dos dias siguientes descubrimos desiertos de colores y formas inimaginables, con un jeep que se inventaba los caminos, que trepaba por rocas y riachuelos esquivando cualquier cosa haciéndonos pensar  " yo quiero uno de estos para los atascos de mi casa..." Entre montañas gigantes te encontrabas con lagunas con preciosos y perezosos flamencos, que se hacían los remolones para empezar a migrar. La más espectacular, la Laguna Colorada, como una tímida capa de agua ruborizada con nuestra presencia, que contiene unas microalgas que le confieren ese extraño color, porque no es que tenga reflejos o un tenue colorado....es que te tienes que esforzar por convencerte de que es agua lo que estas viendo.





Pero en España también hay desiertos, lagunas y flamencos. Lo realmente asombroso y sin posibilidad de encontrar en nuestro país sucedió en la siguiente parada, ¡¡una oferta formal de trabajo!! Pues si, al cachondo de Pedri tras interesarse por un rebaño de llamas, Antonia, la dueña de tanta llama, casi le planta un zurrón y una boina y le pone a pastorear. Iba en serio, la mujer ya se veía felizmente echando siestas mientras ElNuevoPedri paseaba las llamitas. La oferta NO fue rechazada, estamos aun en negociaciones...




La tercera noche llegabamos al linde del salar aunque casi al anochecer para no estropear la sorpresa del día siguiente. Nos alojamos en una casita hecha del material más abundante, con ladrillos de sal se construían paredes, mesas, sillas y los soportes de la camas. Antes de que se despertaran los relojes estábamos saliendo hacia el centro del salar para ver amanecer. Cuando el sol te permite ver dónde estás realmente, te encuentras en una llanura de un blanco cegador de cientos de kms sin horizonte, la blanca sal se confunde con el cielo y uno pierde totalmente la noción del espacio-tiempo. Ante tanta incredulidad y belleza no puedes hacer otra cosa que dejar de reprimir tus instintos primarios y lanzarte a hacer fotos chorras, jugando con los efectos ópticos más absurdos. Imaginación sin límites, como la tontería que llevábamos en to lo alto.






Terminamos el recorrido por Uyuni en un cementerio de trenes, cientos de oxidados vagones descansaban por fin en un gran descampado. La verdad es que ese lugar en contra de todo pronóstico tenia algo de mágico. Como somos muy peliculeros no pudimos contener las ganas de correr por las cubiertas como si de Indiana Jones se tratara , solo que en este caso los trenes llevaban cincuenta años parados....




Cansados pero contentos llegamos a Potosí, ciudad a los pies del cerro rico, una montaña cargadita de plata en sus minas... hasta que llegaron los españoles y zafiamente la expoliarn sin miramientos. La verdad que con algunas historias que explicaban los bolivianos de las proezas de nuestros antepasados... daban ganas de pedir perdón y de asegurar que ninguno de esos españoles era familia nuestra. Potosí es una ciudad colonial muy bonita, llena de casonas de colores muy vivos con grandes patios en su interior. Fuimos a conocer las minas por dentro, algo serio y peligroso, además de tener que aguantar los vaciles de los guías en referencia a nuestra nacionalidad. Nos disfrazaron de mineros, pantalón, chaqueta y casco, y de esa guisa y con nuestro bochorno a cuestas nos encaminamos al cerro. 


Antes pasas por el mercado minero a comprarles unos detallitos a los mineros para intentar paliar el incordio que es tenerte por allí dentro, los típicos de cualquier cena de gala o recepción de Isabel Preisler: bolsas de hoja de coca y garrafas de un selecto licor: alcohol de 96º !!! ( atención que este es para el cubata de los mineros, unos sibaritas los tíos, aunque tranquilizaba enormemente que en la etiqueta rezara "alcohol potable"... estamos locos??). Tras un paseo por un mercado lleno de cholitas, disfrazados de mineros y pensando "por favor que alguien me dispare", nos adentramos en el caótico mundo de las galerías de una mina. Tienes que ir agachado, cuidando tu cabeza de tuberías estratégicamente colocadas y puntales con la sensación de que al más mínimo roce se hundirán tras de ti, pasando por agujeros a veces en el suelo, a veces en el techo. Volvimos a perder la noción del espacio-tiempo, segunda vez en una semana, fucking Bolivia!!





Por suerte o por desgracia , el día de nuestra visita era Viernessssss, el día en el que los mineros gritan yabadabaduuu y terminan su jornada felizmente con unos copazos de este elixir de dioses que es el alcohol potable. Tuvimos la gran suerte de poder estar sólos nosotros dos con unos cuantos de ellos bebiendo, charlando y mascando coca, con preguntas nunca antes formuladas como "y el trabajo en la mina es muy duro?". No, simplemente nos sentamos con ellos para compartir su mejor momento de la semana y aprendimos el ritual con el que beben este mejunje. Mezclado con jugo de naranja, lo derraman dos veces al suelo antes de beberlo, una por el Tío (su dios de las minas) y otra por la Pachamama (la madre tierra), al centro y pa dentro.

- Vaya, pues no está tan malo...
- A ver? no sé yo si... ups, por el Tío, por la otra y... Wow, riquísimo!!
- A ver otra? sabe a fiestas de pueblo!
- Si verdad? a ver, pues sí que os lo montáis bien srs mineros!
- Otra más? porqué no?
- Quién dijo miedo?

Y así hasta gincarnos los delicados presentes que traíamos, oro, incienso y alcohol potable. Fue una gran experiencia, nos despedimos de los mineros tras desearles mucha, mucha suerte y hacernos unas fotos con ellos, que si no fuera por la vestimenta se diría que estamos en cualquier fiesta de cualquier discoteca de una ciudad cualquiera, y nos dirigimos hacia la deseada salida.  Antes pasamos a presentar nuestros respetos al Tío, una figura de barro que tienen en cada mina que hace las veces de su Dios y hombre del saco, cuando la desgracia se lleva por delante a alguno de estos valientes. Escalamos y nos arrastramos en las cuatro direcciones, pasamos miedo, nos cruzamos con más mineros llevando a toda velocidad vagonetas con toneladas de plata por pulir y al fin, un pequeño puntito de luz que marcaba la salida... La sensación de vida y libertad es sólo comparable a cuando acabas el último examen del curso, besamos el suelo, nos giramos una última vez para agradecerle al Tío su buen trato y volvimos a casa.




Hasta otra Potosí, bus nocturno y llegada a primerísima hora a La Paz. La sóla visión de la llegada a esta megaurbe, y perdón por la expresión, acojona. Bajas hasta lo más profundo de un interminable valle de casas 100% obra vista de ladrillo, y al llegar y mirar hacia arriba te sientes como en medio de un coliseo enfervorizado con el pulgar hacia abajo pidiéndole al gladiador de turno que acabe contigo. Eres como un ingrediente más en una tremenda olla de barro a punto de entrar en ebullición, y a todo eso hay que sumarle la altura, que no te deja dar dos pasos sin robarte el oxígeno. Es lo más parecido a una mala resaca de tabaco (por cierto, llevamos los dos 7 meses sin!!!), y para visitar La Paz te limitas a las cuatro o cinco cuadras del centro, intentando no alejarte mucho del base camp.




En nuestras mentes cuatro palabras sonaban con fuerza: Carretera De La Muerte, o World's Dangerous Road, o imperceptible camino entre precipicios por el que no bajaría ni a pie. Antes que nada: We Did It!!! Al poner en la balanza pros y contras de la carretera de la muerte, ganaron por poquito los pros, y tras escudriñar algunas de las mil agencias que ofrecen la bajada en bici por la ruta más peligrosa del planeta, escogimos una decente, cerramos los ojos y que sea lo que Pachamama quiera.




La ruta empieza a las 9 de la mattina en La Cumbre, a 4.600 metros de altura y acaba en Coroico, a 1.200 m, tras 6 horas de descenso continuo en bici pasando por diversos paisajes, altas cumbres, pura selva, bajo cascadas que te empapan y estrechos pasos entre peligrosos pedruscos. Cabe destacar , el optimismo irracional que te infunda el estar de viaje. Esto claramente se observa cuando una gran cateadora de gimnasia en el cole como Diana (si, incluso cuando tocaba voleyball) hace su primer paseo en bici x la montaña en la carretera apodada de la muerte. Solo decir que apretaba fuertemente los frenos hasta en subida, prudencia ante todo.

El grupo lo formaban 10 israelíes que parecían 20, gente peculiar los israelitas en general, pues son de largo los peores compañeros de viaje que uno pueda desear, viajan en grupos muy numerosos, parece que se conozcan entre todos los cientos que hay viajando por el mundo y son exageradamente ruidosos y maleducados, sin duda el pueblo elegido. Además de ellos íbamos nosotros y un madrileño muy cachondo residente en Lima, Alejandro Q. Disfrutamos mucho la bajada, superamos los miedos como champions y aún tuvimos tiempo de charlar largo rato con Alejandro, nos citamos para vernos próximamente y nos despedimos con dos recuerdos, la camiseta que atestigua la bajada y un temblor de articulaciones que aun nos dura.



Superada La Paz seguimos la llamada de la naturaleza que nos exigía una visita a uno de los lugares con más armonía y tranquilidad que hemos conocido, el lago Titicaca y la Isla del Sol, pura energía. Pero antes había que llegar a Copacabana, a orillas del lago más alto del mundo. En el anecdotario quedará éste trayecto, ya que en un momento dado nos hacen bajar del bus a toda prisa para cruzar el lago, y entre el sopor de las curvas y la noche cerrada, yo me bajo y Didi se queda a medio bajar cuando el bus arranca directo de cabeza al lago. El bus tenía que cruzar en barcaza y los pasajeros en barquita. Así que uno cruzó en barquita y la otra, de polizonte, fue espectadora de lujo desde arriba del bus del trayecto en barcaza... que parecía hundirse de a poquito. Llegamos los dos.




A bordo de otro barquito navegamos el Titicaca hasta las Isla del Sol, hicimos noche en una casita a pocos metros de la orilla y nos cargamos de toda la pureza que transmite el lugar, sus gentes, los burritos, cerditos y la trucha a la plancha recién pescada. Pronto por la mañana decidimos cruzar la isla entera de norte a sur no lejos de la orilla, con varias paradas para admirar cada trocito de mundo que nos rodeaba, tomar una copita de vino que guardábamos de la noche anterior y llegar a tiempo a tomar el barquito que nos devolvía a tierra firme y nos alejaba despacio del sentimiento de vitalidad que llevábamos impreso en la piel.





De nuevo en Copacabana nos esperaba el último bus boliviano, por cierto el peor de todos, aunque ese mal viaje no cambiará la bonita opinión de este precioso país. Un autobús destartalado y lleno de cholitas muy olorosas y agitadas que a cada pequeña parada aprovechaban para revolucionar todo el autobús cambiando sus cuarenta mil mercancías de sitio sin una explicación aparente... A parte del tráfico de mantas aún estamos indagando qué cojones hacían. Aun así, a pesar de la distancia que nos separa de sus gentes, del propio distanciamiento que ellos mismos se imponen, entre ellos y con nosotros los visitantes, estamos convencidos que la riqueza de paisajes de Bolivia no se encuentra en cualquier esquina del mundo, y desde los altos desiertos con sus llamas y vicuñas hasta las bajas selvas y las aguas del Titicaca, es un país que algún día decidirá avanzar hacia algún lado, de momento se basta con sus paisajes, y se sobra.



Pere&Didi