sábado, 22 de junio de 2013

INFUSIÓN MALAYA

Malasia esconde muchas sorpresas bajo su disfraz de país del sudeste asiático lleno de asiáticos rarunos y mezclados sin demasiado criterio. Salimos de Penang rodando, con la panza pidiendo un respiro y con la clara intención de volver en otra ocasión ya que al irnos nos enteramos de que no habíamos visto casi nada de las visitas obligadas, tan entretenidos que estábamos...Glups! Varias horas después y con la digestión ya hecha nos adentramos en el siguiente highlight malayo, las Cameron Highlands!

Las Cameron Highlands en Malasia son como unos alpes pero muy muy kistch. Como una estación de esquí que fuera famosa en los 70, un lugar urbanísticamente flojo porque un halo indochinesco-cutrón lo cubre todo, pero es un remanso de aire fresco, casi frío, donde en vez de raclettes encuentras comida india con unas vistas completamente nuevas para nosotros: Los preciosos cultivos de té.




Desde Tanah Rata, el pueblo que se usa de campo base, salen muchas excursiones organizadas por la montaña, más para la jet set malaya que va a desconectar de la city y de su aplastante bochorno que para mochileros, así que pasamos de largo y decidimos recorrer por nuestra cuenta los prometedores alrededores con un detalladísimo mapa que compramos. Armados con él y una brújula empezamos como unos profesionales. El primer día nos perdimos. Y el segundo también, pero fue genial! En parte lo decimos tan contentos ya que ambos días tuvimos suerte con el autostop, que en Malasia no es nada habitual y la mayoria de conductores nos miraban como las vacas al tren.




Cerca del pueblo hay una serie de caminos por el bosque para recorrer tranquilamente. Según los lugareños son para realizar en familia, con abuelos y niños, aunque deben omitir que en la familia hay por lo menos cuatro generaciones de marines. La vegetación en Malasia es tan exuberante que se come rápidamente los caminos, y el primer día acabamos perdidos en una granja local de fresas y flores preciosas. Ni rastro de los famosos campos de té.




El segundo día nos preparamos mejor, o eso creímos, y nos dispusimos a una caminata larga de día entero. Cuantos km? Ni idea, vamos pallá! Enlazamos dos o tres caminos por el bosque pasando por infinitas granjas de fresas, que los malayos venden a precio de diamantes, hasta llegar al siguiente pueblo, Brinchang. Desde ahí salía la caminata larga y nos aprovisionamos como auténticos montañeros expertos: Yogurt light bebible y dos zanahorias, muy de plan SpecialK para compensar excesos... A veces pienso que somos tonticos. Bueno, sin el pienso que. La culpa es de Penang y su manía en hinchar nuestras panzas. No es país para dietas.




La excursión fue espectacular, auténtico bosque húmedo malayo, aunque la diversión fue de más a menos, al contrario que el esfuerzo. Y es que lo que empezó como una plácida caminata por un sendero digno de la comarca Bolsón donde nos hinchamos a hacer fotos, acabó convirtiéndose en una escalada en toda regla entre las raíces de árboles centenarios de una ciénaga de Mordor. Barro hasta las rodillas, densa niebla, atisbo de lluvia y ninguna intención de hacer más fotos. Pero llegamos a... Yo que sé, arriba de todo! Y ahi estaban, detrás de la niebla, los cultivos de té. Si, si, detrás de la niebla, no se veía un cazzo.






Bajamos por una especie de carretera, efectivamente sin saber dónde estábamos y comiendo orgullosos nuestras zanahorias. De tanto bajar la niebla se disipó y dejó paso a un solazo, y desde lo alto pudimos contemplar, en silencio y sonriendo para nuestros adentros los preciosos cultivos de té. Este planeta es maravilloso, sólo hay que poner un pie en el camino y salir a comprobarlo. Seguimos bajando hasta encontrarnos rodeados de cientos de hectáreas dedicadas al té, dando vía libre a todos los tonos del color verde creables por Pantone. Es tan bonito y cromático que marea. No teníamos ni idea de que es un arbusto que van podando para aprovechar sus hojas siempre verdes, verdes, verdes.








Tras unos 18 km caminados, se volvieron a apiadar de nosotros al poco rato de levantar el pulgar. Es curioso porque en Asia los que te recogen en autostop suele ser gente viajada; nos llevaron dos chicos de Kuala Lumpur que al conocer nuestra nacionalidad sacaron sus teléfonos para enseñarnos mil fotos suyas en los molinos de viento de la mancha. WTF?

Al llegar al hostel nos esperaban Noeli&Roge que llegaron un día más tarde a Cameron, preparamos una merienda muy adecuada de fresas con yogurt y miel y jugamos al tute cabrón hasta que el frío de las Highlands nos mandó a la cama. Creo que Rogelio no perdió ni una partida... veterano cabrón! ;-)

Dejamos los cutralpes malayos con sus preciosos cultivos de té, y nos dirigimos hacia la confirmación definitiva de que en este país puedes encontrar todo lo que tu cuerpo y mente te pida. 5 horas en una odiosa minivan para llegar a dos islitas magicas, las Perenthian Islands!! Arena blanca, snorkel de miedo, comida riquísima y relax relax relax. Que ya nos hacia falta hombre....ejem.




Se llega a la isla con una lancha que va a toda leche por las azules aguas del noreste de Malasia, y después de una de las cosas que nos ponen de más mala ostia: Que te hagan pagar el impuesto de conservación ambiental de la zona y la biodiversidad marina bla bla bla, y ver que los propios locales son los que menos cuidan el tesoro y el paraíso en el que viven y que les da de comer. Vamos que son unos cerdacos de cuidado y bajo su criterio no existe basura que no pueda ser engullida por el mar. Estamos hartos de leer en todos lados que cierto exótico lugar está contaminadísimo por el auge del turismo que todo lo destruye y por lo que hemos podido observar, en general los turistas son respetuosos con el medio ambiente, no pudiendo decir lo mismo de los locales, que no dudan en lanzar envases al agua tras el consabido eructo o destrozar corales con el ancla por ser los amos del lugar.


Bien, tras este speech antilocales listillos, se puede decir que las Perenthian nos gustaron, pero a partir del segundo o tercer día de estar buscando nuestro rincón de armonía. Al llegar todo nos pareció sobrevalorado, sucio, caro-para-lo-que-ofrecen y ultraturístico. Llegaron Noe y Rogelio, nos cambiamos de hostel a una cabañita apartada y colgada encima del agua donde las olas rompiendo eran el primer y último sonido del día, descubrimos las mejores sopas de pescado de malasia y nos dispusimos a visitar el mar, primero con nuestro estimado snorkel y después con un par de immersiones... suena bien verdad? Ya veremos...






Descubrimos una preciosa cala blanca apartada de todo cerca de Coral Bay, y estábamos tan encantados con el snorkel que nos alejamos de la calita hacia las rocas... bancos de millones de peces, tortugas, pequeñas mantas, morenas, de todo. Todo. Demasiado. Tanto que en un momento dado vimos un pez de los grandes. De los enormes, con movimientos laterales rápidos y muy definidos, un pez que al encararnos fue como si estuvieran taponando el snorkel. TIBURÓOOOON! Nos pilló una especie de ataque de pánico, pero no por el tiburón en sí, que pasó de largo como si nada, si no por el pececillo guía que suelen llevar los tiburones en la panza, que al vernos debió pensar que haríamos más sombra que su ex acompañante y se decidió a seguirnos a toda costa. Claro, después de ver un tiburón y gritar como nenazas, que un pez alargado te persiga para ponerse bajo tu vientre y que cuanto más aspavientos des más intensamente se arrime a ti no mola nada!! Pánico total, jojojojo, Didi aun echa en cara a Pedri que le encasquetara el insistente pez y saliera disparado hacia la orilla. Ni Phelps lo pilla. Asumamos la realidad, la galantería ha muerto definitivamente.




Dado que el fondo marino prometía mucho, decidimos hacer un par de inmersiones y estrenar nuestro flamante PADI openwater. En este tipo de islas suele haber muchos diving center regentados por occidentales con muchos tatuajes marinos que parecen estar de vuelta de todo y afirman que el diving es su vida, su droga, su fin último... Muy bien, fantástico, podemos bucear? gracias, shut up.




Unfortunately, le declaramos la guerra abierta al diving. Y digo abierta porque queremos cerrarla cuanto antes y si es para bien mejor que mejor. A ver, que quede claro, la sensación de bucear es insuperable, nos encanta y no es comparable a nada, pero nos jode soberanamente pagar un pastón a un grupo de ingleses afincados en una islita paradisíaca para que en una hora de buceo no veas ni la mitad de cosas que ves haciendo snorkel, que evidentemente es gratis. Supongo que hemos empezado con mal pie el tema del buceo y claramente le daremos más oportunidades, de momento nos informaremos mejor y esperaremos un golpe de suerte. Queremos ver mantas raya y no rocas peladas!


Así pasamos 5 días en Perenthian Kecil, la más pequeñita de las dos islas, entre snorkels, buena playa, Noeli, Rogelio, sopas, tutes y cabrones. Mención especial a los pedazo de lagartos de metro y medio que te encuentras cada dos pasos caminando por la isla. El día antes de partir nos dimos un último bañito en Long Beach, en el agua plateada por otro atardecer paradisíaco. Pero nos faltaba algo. Malasia es un país islámico y el alcohol es caro, sin embargo encontramos unas petacas de ron marcalacabra que no estaban mal del todo. También encontramos un chill out donde fumar una shisha tirados en la playa, y más ron, y hielo y un poquito más de ron para acompañar la buena música. En un momento dado estábamos los cuatro dándolo todo al son del flow bailando como si no hubiera mañana rodeados de unos 40 malayos impasibles... Eran tipo las 9 de la noche y para nosotros era como un after hour!! Volvimos a nuestras cabañas caminando entre la selva agarrados unos a otros, bueno, agarrando a unos más que a otros ;-)))) y esperando que el despertar no fuera muy duro. Sin duda, lo fue.




Con resaca fuerte hacer la mochila y viajar se hace un poco amargo pero nuestro siguiente destino nos ilusionaba tanto que sacamos las fuerzas necesarias para volver a Kuala Lumpur en uno de esos iglús con ruedas nocturno y llegar en forma al aeropuerto, mostrador de Air Asia. Buenos días, cuál es el destino de su vuelo señores?




By Pere & Didi

lunes, 17 de junio de 2013

AL RICO PENANG!!


Llegamos a Penang descansadísimos a primera hora, y tras un corto trayecto de ferry nos plantamos en el centro de este curioso lugar. Seguramente la mezcla mejor ambientada y conservada de lo que fue el mundo chino y las colonias holandesas e inglesas. Penang se podría definir de muchas formas: es caminar entre palacios de notables comerciantes chinos, es olvidarte de quien eres y de donde estas mientras saboreas su cocina, es encontrarte edificios victorianos decorados a lo asiático. Pero sobre todo Penang es el mejor circuito de comida callejera probablemente del planeta, arte urbano en cada esquina, buen ambiente mochilero, y por si no lo habíamos dicho suficientes veces... la mejor comida de Asia.






Fuimos para dos días y nos quedamos cinco, porque había demasiadas delicatessen a probar y con sólo 6 comidas al día más el resopón, no nos alcanzaba para todo. En cuanto llegas a la ciudad te dan un mapa en el que no hay monumentos ni plazas ni museos a visitar, sólo vienen señalados los cientos de puestos de comida dónde probar todos los famosos platos perfectamente enumerados, que se han creado en este rincón del mundo. Así que ¿como no te va a gustar una ciudad cómo esta?. Y a eso es exactamente a lo que pusimos toda nuestra dedicación, a ir a comer un Laksa Penang, un plato que está en el séptimo lugar en la lista de la CNN de los cincuenta platos más deliciosos del planeta (buscad, buscad la paella...), a comer el mejor won tom mee sentados en un taburete de plástico en plena calle, y a probar la egg tart, una tartaleta que te translada directamente a la mesa en la que tu abuela te premiaba con un postre cuando a ti aun te colgaban las piernas de la silla. En Penang ves una cazuelita de barro, la levantas y ves que se está cociendo un pollo al curry sólo para ti y claro, te lo tienes que meter entre pecho y espalda.






Fue un festival. Estábamos tan exaltados que hasta nos vinimos arriba y nos atrevimos con una cosa que hacía tiempo que nos retaba: El mítico Huevo Centenario!! Un huevo que dejan pudrir enterrado en cenizas y cal dicen que durante cien años, pero claro, como el proceso resulta ligeramente tedioso para algunos vaguetes, en unos 28 días con el método express ya se convierte en pura gelatina de color negro... Hasta eso nos gustó.




Nos alojamos en Love Lane, zona backpacker por excelencia, cuyo curioso nombre es debido a que era el lugar favorito de los colonos europeos para encontrarse con sus amantes. Una tarde de lluvia estábamos tomando un té en el salón del hostel cuando oímos una voz familiar... "75 ringitts por éste zulo? Serás mamón, malayo?" No puede ser, son ellos! Noeli y Rogelio, nuestros amigotes de Filipinas que habían estado viajando por Borneo reaparecían en escena a lo grande, empapados, con hambre y ganas de guerra!! Fue un gran reencuentro, pasamos los dos días siguientes poniéndonos al día entre bocados de arroz aglutinado con pollo y noodles humeantes.







También hubo tiempo para cagarla, pues intentamos ir al jardín botánico de Penang, lleno de árboles milenarios y monos mangantes pero fue un desastre máximo. Pasamos más de una hora solanos en el puto bus que te lleva, muy a las afueras de la ciudad. Aún nos lo recuerdan...

- Anda Rogelio, has visto ese templo de ahí arriba?

- Ehm...si... yo creo que es Tailandia, mamones!!



Llegamos al dichoso jardín botánico y justo cerraba ese día porque tocaba podar árboles... Rogelio y Noe casi nos podan los huevos tras las tres horas perdidas en el intento, pero lo compensamos con una gran cena en un night market en la que comimos de todo, bebimos más aún y planeamos seguir la misma ruta en lo que quedaba de país, y quedaba mucha, mucha Malasia... Esta nación tenía muchas sorpresas guardadas bajo la manga. Quizás lo mejor de Malasia es que nadie tiene ni idea de qué se va a encontrar al llegar aquí. Al menos eso nos pasó a nosotros. Sí, es un país del sudeste asiático... y qué más? ni idea. Y ahí es donde este país te atrapa. Porque todo es más y mejor que lo mejor que te podías esperar.





By Pere&Didi.

martes, 11 de junio de 2013

MOVIENDO EL BIGOTE EN MALASIA


Singapur es tan pequeñito que al señalarlo con el dedo en cualquier mapa lo tapas por completo. Es un puntito situado al sur de nuestra nueva etapa: Malasia, todo un puerto de primera. Así que dejamos Singapore en autocar camino a Melaka, la ciudad que nos abría de par en par las puertas de este desconocido, inquietante e interesante país.




No sabíamos que tras ser colonia portuguesa aún se puede contemplar una arquitectura típicamente mediterránea en el centro mismo del sudeste asiático, ni esperábamos ver cómo el río que cruza Melaka se convierte en un paisaje espectacular gracias al arte urbano. Tampoco pensábamos encontrarnos en una misma calle iglesias cristianas, protestantes, mezquitas y templos budistas, para poder pecar tranquilamente cada día de la semana. Pero lo que realmente ansiábamos encontrar allí, y confiábamos en nuestro olfato aventurero para nuevos descubrimientos, era la confirmación a unos rumores que veníamos oyendo hacia ya tiempo... Que en Malasia se come de muerte!!




Nos bajamos del autobús con la servilleta de cuadros atada a la nuca y olfateando el aire para guiarnos hasta la famosa comida nyonya. Las nyonyas son criollas malayas descendientes de comerciantes chinos que ya montaban aquí sus bazares hace 300 años, y para nuestra fortuna, se han pasado media vida entre woks y fogones y en menos de cinco minutos te preparan un plato que le saltaría las lágrimas y algún taco comedido a cualquier gourmet. Sólamente entre comidas teníamos tiempo de fijarnos en algunos detalles que hacen de Malacca un curioso lugar.






El gran número de culturas que colonizaron esta ciudad como la portuguesa, inglesa y holandesa, han dejado un aire europeo en sus calles pero tampoco faltan elementos que nos recuerdan que efectivamente estamos en Asia, como los infames bicicleta-tuktuk-de-Melaka, que decoran sin escatimar flores de plastiquete, peluches, corazones y luces de neón para que no puedas descansar de verlas ni de noche. Subirse era una pérdida immediata de la dignidad, así que lo evitamos. Además el ayuntamiento también instala, para deleite y entretenimiento del turista, ratas que fácilmente podrían alimentarse a base de gatos, y lagartos de metro y medio paseando por encharcadas aceras. Este último sólo nos hizo gracia verlo porque existía entre nosotros y él un muro que impedía que amistosamente nos viniera a saludar... Caquita.





Cuando consideramos explorado el safari urbano que habita en Melaka, nos centramos y recordamos nuestra misión, para qué estábamos allí? Para mover el bigote. Bi gote my friend. Así que nos dirigimos  juiciosos y muy concentrados al mercado gastronómico que se monta algunas noches en la calle principal del centro histórico. Festival de noodles de arroz saltando por los aires y volviendo a aterrizar en sartenes dirigidas por las diestras nyonyas. Nos rodeaban grandes canastas de bambú con bolitas de arroz y  pescado. Al principio pedimos con precaución un cucurucho de cinco bolitas para compartir, pero cuando nos tocó decidir quien pinchaba la última nuestros instintos más precarios afloraron, y entre gruñidos y dentelladas al aire nos pedimos un cucurucho de 15... para cada uno. Así estaban de buenas las bolitas. Joey no comparte su comida!




Melaka conquistada, nos movemos again. El transporte Malayo es BBB y fue muy sencillo llegar al tercer gigante asiático al que nos enfrentábamos, Kuala Lumpur. Aunque ese no era nuestro único reto... Tras 4 meses de viaje nos decidimos a probar nuevas experiencias, y en KL hicimos nuestro primer coachsurfing!! A una hora y tres transportes más allá del centro de Kuala nos esperaba Avidar, un chico iraní simpatiquísimo aficionado a alojar gente de todo el planeta. El tema es que no estaba sólo... vivía con 3 compañeros kurdos en uno de esos condominios tan típicos del sudeste asiático que albergan en cada planta a unos 10.000 chinos, indios e iraníes, con lo cual nosotros allí dábamos más el cante que Belén Esteban en una biblioteca.

Supongo que todo coachsurfing tiene sus momentos. Cómo describirlo...? En líneas generales fue muy interesante, comprobar en tus carnes lo que es la auténtica hospitalidad persa no tiene precio. Avidar cocinaba cada noche deliciosos platos iraníes, y nosotros llevábamos vino español comprado a precio de cuerno de minotauro y nos tirábamos hasta la tantas hablando de nuestros respectivos países y experiencias por el mundo. Fue divertido, en algún momento dado te da un punto de pereza porque quieras o no, no puedes campar a tus anchas, pero es una experiencia positiva, nunca negatifo!!





Con nuestros anfitriones Kurdos nos veíamos sólo por la noche, y durante el día nos dedicamos a patear Kuala. Lógicamente fuimos a las Torres Petronas y de ahí fuimos dando tumbos hasta que en algún supercentro comercial de 10 plantas nos paramos en seco para reconocer que damos risa si nos pensamos que en Europa hoy en día somos punteros en algo. El vaticano está diseñado para que pueda albergar en tamaño cualquier catedral del mundo. Bien, pues cualquier centro comercial de Kuala Lumpur puede albergar tres o cuatro vaticanos, con obispos, fratelli e sorelle.




Kuala no es una ciudad muy intensa ni muy animada, lo fascinante de Kuala Lumpur es que deja entrever lo que te espera en este país... TODO. Cualquier raza, cultura, religión, expresión artística, culinaria (mamma mia!!) o linguística están detrás de cualquier esquina. Tomamos todo tipo de transportes, incluido el monorail, compartiendo vagón con un hindú que se sienta al lado de un grupo de niñas con velo enfrente de una china en miniminifalda al lado de dos occidentales flipando con esta ciudad.






Tras tres días entre kurdos, dejamos Kuala Lumpur rumbo Penang con un nuevo medio de transporte en nuestro viaje, del que aún nos acordamos porque es claramente el mejor:  Tren Nocturno! Decimos que es el mejor que hemos tomado sin miedo a equivocarnos por tres motivos: Duermes en una cama comodísima en lugar del típico sillón de autobús del que ya nos cansamos en argentina la primera semana de viaje. El aire acondicionado es moderado, y debe ser el único lugar público de Asia donde no acabas tiritando. Y por último, porque nuestros compañeros de vagón eran inmejorables... un grupo de sordomudos de ruta por Malasia! Nos enseñaron un poquito de lengua de signos malaya, estuvimos un rato entre gestos y notas y   después nos dormimos tranquilamente mientras ellos seguían conversando frenéticamente, y claro está, en silencio total.




Si algo hemos echado de menos en este viaje repetidas veces, además de family&friends, es la comida spanish y todo lo relacionado con nuestra dieta mediterránea, aceite de oliva, jamón serrano en el desayuno, pa amb tomàquet, cocidito madrileño, paellas y... Basta! Mejor no sigo que estoy empapando el teclado. Difícilmente encontraremos algo parecido por estas tierras y seguiremos echándolo de menos, pero nuestra siguiente parada nos hizo olvidar por unos días tanta melancolía gastronómica, para desvelarnos un sexto sentido asiático. La comida que un malayo echa de menos cuando está lejos de su tierra. Vamos a Penang!




By Pere&Didi