domingo, 2 de junio de 2013

SALÚDAME OTRA VEZ

Risk o Trivial? Criterios, gustos, preferencias. Hay gente que muere por unas empanadillas y otros que matan por unas croquetas. Defensores de Tintin frente a fanáticos de Lucky Luke. Los hay que vibran con los Rolling, y los que se embelesan con los Beatles. Lo que nos gusta y lo que odiamos, es lo que nos define. Quizás por esto la parte más delicada de este viaje sea cómo gestionar las recomendaciones. Seguramente te ha llegado esa recomendación con la mejor intención del mundo, pero también seguramente no conozcas lo suficiente a esa persona como para fiarte ciegamente de si sus gustos son parecidos a los tuyos, no sabes aun si esta persona es de muslo o de pechuga. Hay que tener en cuenta cuando te aconsejan algún lugar de que hay gente que todavía adora Torremolinos.




Algo así nos pasó con una isla llamada Siquijor, todavía en Filipinas. No esperábamos encontrarnos playas de esas que te se te escapa un taco al verlas, como las de Palawan o Coron, pero estando en el mismo mar creímos que serían del estilo. Cruzamos Phillipines porque nos la recomendaron encarecidamente pero la verdad es que no llegamos a congeniar mucho con la isla. Y estuvimos muy bien, tranquilos, alegres... pero sin más. Alquilamos una moto para recorrerla y buscar esas playas de las que tanto habíamos oído hablar, pero se convirtió en una tarea complicadilla básicamente por dos razones. La primera son las mareas. O están tan altas como para que tengas que subir a un cocotero para extender la toalla o tan bajas que tendrás que extenderla sobre la mullida capa de algas que deja el mar al retirarse. Habrá algún momento en el que estén en un punto medio, pensareis.... Seguramente... pero debe durar muy poquito porque no llegamos a ninguno.




La segunda razón por la que esta isla no nos robó el corazón, fue por unanimidad. Unanimidad urbanística. Al ser todas las casetas iguales eres incapaz de orientarte. Casas, tiendas, taller, escuela, funerarias... todos son iguales en apariencia, ademas todos cuentan con la curiosa presencia del homo filipinus tumbado en un banco de madera a la entrada. Este personaje se dedica, mientras se tapa la cara del sol con la parte interior del codo, a echar la siesta del carnero, la de después de la comilona y la de pre y post merienda... Imagino que cuando anochezca se irá merecidamente a descansar. Este plan urbanístico tan homogéneo hace que tengas que pasar entre veinte y treinta veces delante del lugar al que ibas antes de identificarlo. Así que para alcanzar un punto que esta a 5km deberás recorrer al menos 100. Suerte que hay gasolineras perfectamente confundibles por todas partes. En estas estaciones de servicio, que consisten en una mesa de madera con tejadillo, puedes repostar exactamente la cantidad que el sr. Coca-cola considera que es un litro.



Los filipinos son tipos simpáticos. Sonríen y te saludan alegremente en todos lados y a todas horas. Yendo en moto lo más normal es cruzarte con otros vehículos con un overbooking descarado. Ir sólo dos en una moto es de moñas, así que suelen ir 3 o 4 con un par de niños colocados entre ellos, el de atrás de la moto coge de la mano a otro compadre que va remolcado en patinete y a su vez este da la mano a un compañero de clase en monopatín, que también se ha apuntado al espontáneo trenecito a dos ruedas. Y de una inexplicable manera todos tienen una mano libre para agitarla en el aire con efusividad y sonreírte al pasar. Paseando por la calle te sientes como el alcalde del pueblo, pero no por corrupto, si no por famosete. O quizás nos saludaban tanto por que al pasar quince veces por el mismo sitio en esa tarde, ya les parecíamos de la familia.




Definitivamente Siquijor nos gustó por su gente. La comida no es remarcable y sus famosos atardeceres debían estar de resaca porque no aparecieron por ningún lado, pero la simpatía sin límites de su gente compensaba todo. Del interior de la isla lo más destacable eran unas cascadas preciosas en las que nos dimos el primer baño fresquito del mes. Nos hospedamos en un par de guesthouse, una de ellas se empieza a hacer famosa en muchos blogs de viajes, merece todo lo mejor, por su dueña, por su historia, por el lugar, por las habitaciones y por la atracción número uno: Jonalyn!! Estábamos esperando fuera de la guesthouse cuando aparece una niñita de 5 años, pelo muy muy liso y sonrisa traviesa.

- Os vais a quedar aquí? - Nos dice en un inglés buenísmo.
- Pues si, creo que nos quedaremos.
- Bieeeeen!!

Y desaparece riéndose y corriendo como el demonio de tazmania.

- Quien era ese terremoto?
- Nusé, una monada de niña, debe ser del hostel.

Horas más tarde teníamos a Jonalyn colgada del cuello, haciéndonos corretear y perseguirla por toda la playa, entre cocoteros y redes de pesca, riéndose a carcajada libre y con la energía de un patio entero del recreo. "She likes our guests!" nos dice con su eterna sonrisa Lorna, la dueña de la guesthouse. Muchos viajeros han pasado por aquí y creo que aquí no hay Torremolinos que valga, todos le ponemos un diez a esta guesthouse, de nombre muy evocador, "The end of the world".




Tras jugar con ella y hacer más ejercicio que en el camino del Inca, nos duchamos y estando listos para ir a cenar algo, de repente nos giramos y encontramos a Jonalyn estirada en la cama, tan pancha. He llamado a la puerta pero no me oíais. Y estaba abierta. Jijijiji. Fue un festival de risas tener a Jonalyn haciéndose mil fotos en la habitación, maquillándola, trenzándole el pelo y jugando al escondite hasta quedarnos sin cenar, porque en ese momento entendimos por fin el concepto "infinito", y es la energía de un niño con ganas de marcha!!



Nos levantamos a las siete de la mañana y la cabrona estaba haciendo guardia en una hamaca delante de nuestra puerta. Nos arrastró al agua y allí nos tuvo jugando hasta más allá de la hora de partir. Nos despojó de 10 años a cada uno sin ningún esfuerzo, sólo a base de reírse sin fin. Fue una experiencia muy energética. Por un momento nos ayudó a superar lo que más echamos de menos en este viaje: Los peques de la casa!!

Tocaba despedirse de Siquijor con la tranquilidad de haberlo intentado y el desasosiego de no haber salido por la puerta grande. Eso sí, nos llevamos de recuerdo el sonido más bonito de este planeta, la carcajada profunda y sincera de un niño. El día que nos fuimos, la isla se despidió con un amanecer de esos que te pueden hacer perder el barco, de esos que dan nombre y vida a las cosas que te rodean.




El transporte en Filipinas es de los más cansinos que hemos conocido hasta el momento. Tardas una eternidad en llegar a cualquier lugar cercano, y unos días si el lugar está pasada la esquina. Desde Siquijor hasta nuestro siguiente destino pasamos por al menos diez medios de transporte, y aun no sabíamos si merecería la pena. Podía salir mal o podía salir... sencillamente perfecto. Malapascua. No teníamos mucha idea más allá de las consabidas recomendaciones, y cómo llegar fue otra odisea con noche de por medio. Tuvo que pasar otro día y medio hasta darnos cuenta que lo habíamos vuelto a hacer, habíamos vuelto al paradise!




Sólo había una cosa que podría enturbiarlo, y sabíamos que tarde o temprano llegaría ese momento fatídico. Ese momento en el que recuerdas la lista de cosas por hacer antes del viaje y ves un punto sin tachar: curso de buceo. Hay tantas cosas que deberíamos haber hecho... Ocurre por ejemplo el primer día que te pones el bañador para ir a la playa, y recuerdas la de tapas y cervecitas en las terrazas que desplazaron esa cena frugal que planeabas durante el día. O la irremediable noche antes de un examen, cuando te preguntas qué carajo ha truncado esta vez tus planes de estudiar desde el principio. Para nosotros ese momento llegó al pisar Malapascua.




Malapascua es una isla perfectamente rodeada de playa blanca a modo de estadio de atletismo, y con marea baja seguramente se pueda rodear entera, cosa que nosotros no hicimos porque estábamos mucho más ocupados en una nueva actividad: Odiar a los buceadores y todo el mundillo cool que se traen con el diving. Porque por lo visto Malapascua es la Meca de todo buceador que se precie, pero nosotros, aunque nos preciamos mucho no buceamos. Todo en la isla evoca el buceo, los thresher sharks que se pueden ver, las tortugas, los supercorales, los bares... Al sentirnos un tanto desubicados en ese ambiente diver preguntamos en dos o 3 sitios para sacarnos el PADI que debíamos habernos sacado antes de empezar el viaje. Tras decidir firmemente durante horas que no era posible, que se salía del vapuleado presupuesto y que mejor seguir con nuestro snorkel... acabamos firmando los papeles de boda con el buceo!




Probablemente es el examen más buenrollista que hemos preparado; tumbonas, mojitos  y el cachondeo de estudiar juntos cada tarde acordándonos de las peripecias en el agua de la mañana. Muchas risas y cero seriedad, por otra parte imposible porque el instructor del PADI openwater era un Filipino, (Bryan, al que llaman Bryan), con una enorme panza perfectamente confudible con un jacket hinchado y con una pachorra que desesperaría a un gaditano. Era una mezcla entre Cantinflas y Falete tras 10 sesiones de rayos. La primera tarde que quedamos con él para corregir y no se presentó, nos pidió tranquilamente disculpas al día siguiente por haberse encontrado unos amigotes y haberse bebido hasta el agua de los floreros, vaya crack!!




El plan en Malapascua era extremadamente sencillo: Levantarse ben d'hora, ben d'hora, darse un baño en el agua cristalina que teníamos a 20 metros de la cabaña, desayunar, bucear, bucear, bucear y morderse la lengua para no mearse de risa cuando Bryan la liaba. Porque el primer día sin darse cuenta, iba arrastrando el regulador y no dejó ni medio coral vivo a su paso, el segundo día se le cayó al fondo del mar la varita con la que nos mostraba cosas y el tercero intentando colocar una boya... ganó la boya por knock out! Si hemos aprendido a bucear atragantándonos de la risa, es que estamos preparados para lo que sea. El arduo examen lo hicimos en la terraza de nuestro bungalow mientras tomábamos el aperitivo...y claramente aprobamos.




Y llegó el último día en Phillipines con la misma tristeza que llega el final del verano o el último día de las fiestas de tu pueblo. Aunque teníamos por fin la licencia para perseguir tiburones bajo el brazo, alejarse de estas aguas no fue nada fácil, pero a todo visado le llega su san martín y los aviones no suelen esperar. A pocas horas de vuelo nos esperaba un colega que vive desde hace años en la ciudad que nos enseñó lo que es el auténtico lujo asiático. Próxima parada, Singapore!!




By Pere & Didi.

8 comentarios:

  1. Buenísima la narración chicos!! definitiva esta aventura fue muy tragicómica, me han hecho reir mucho!! que bien que tienen la licencia de PADI!! cuando vuelvan nos vamos por ahí a bucear!! Abrazo grande. Juan Pedro

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    1. Jajaja, nuestro entrerriano favorito!! Sisisi, tu que ya eres un veterano busca algun sitio wapo para bucear cerquita de valencia que nos pegaremos un finde completito en tu nueva tierra!!

      Un abrazo Juan, cuidate muchooo!!

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  2. Guaaaau, que buen post! El mejor ejemplo de como redactar y conseguir que el lector se traslade a Malapascua o Siquijor.

    Muchas gracias!

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    1. Buenas Marcos!! Qué ilusión tu comentario, hace tiempo que te seguíamos!! Dentro de poquito iremos a Sulawesi y tus post nos sirven mucho!! Un abrazooo!!

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  3. Qué habrán aprendido los filipinos de nuestros antepasados... Jajaja, me he reído mucho, y me han entrado muchas ganas de viajar a este país al que, por alguna oscura razón, no le tenía demasiadas ganas hasta ahora.

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    1. Gon!! Pues no sé qué es peor, si lo que aprendieron de nuestros antepasados o lo que podrían aprender de los actuales!! Yo creo que NADIE tenemos mucha idea de lo que es realmente Filipinas hasta que nos plantamos allí en medio. Nosotros volveremos seguro!!

      Un abrazo Goon!

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  4. jajjaja graaaandes!!!
    Sii Malapascua tenía unas playas espectaculares aunque también estaba mucho más armado para el turismo, cosa que no está mal claro, pero en Siquijor encontramos la tranquilidad absoluta y nosotros que somos muy tranquilos (a veces algo aburridos seguramente ;P) nos vino genial! y para aquel entonces Jonalyn era mucho más tímida jajaja

    Lo que si que nos han dicho varios viajeros y con vosotros lo confirmamos es que el agua está plagada de algas... vaya, cuando estuvimos tenía pero parece que menos que ahora.. que hagan algo!! que las quiten!! que no saben que los "blancos" las odiamos??? ;P

    Un fuerte abrazo chicos y como siempre, un relato buenísimo!!!

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    1. Jojojojojo!! Sois muy grandes chicos!! Quizás el problema de Siquijor es que todo el mundo habla taaaaaan bien que nos esperábamos un festival, y nos quedamos un poco... nusé, sin más, pero tampoco está mal ewhh, la verdad es que es muy tranquilito y a nosotros tb nos encanta. Y si, muerte a las algas!! ;-DD

      Malapascua debe ser ultra turístico en high season, pero hace un mes y pico cuando estuvimos estaba como súper calmado todo, a las 10 de la noche todos a dormir!! Jejeje, pero bueno mola mucho sorprenderte con lo que te vas encontrando no?

      Un abrazooo chicooos!!

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