lunes, 22 de julio de 2013

ATRAPADOS EN BIMA


Ciudad de Labuan Bajo, isla de Flores, Indonesia. Aquí atracó nuestro barquito después de nuestra aventura marinera y sólo necesitábamos otro eterno barco para llegar a Sulawesi, una isla enorme en forma de letra K que está a 20 horas por mar. Ferry no apto para los que van con algo de prisa ya que sólo pasan dos veces al mes y esto es Indonesia señores, las prisas son siempre malas, y aquí peores que en ningún sitio. No se puede decir que nosotros vayamos justos de tiempo pero ya se encargan los países del sudeste asiático de azuzarnos un poquillo con los dichosos visados de 30 días. Que manía tienen todos estos países asiáticos con el visado de 30 días, no acabamos de entender la prisa que puedan tener en echar al turista de su país. O es miedo a que nos quedemos...?




Ya que esperando los barcos locales indonesios te da tiempo a aprender a hacer la fotosíntesis, tenemos que optar por una opción mucho menos mochilera pero en principio más efectiva, el avión. Aunque esta opción también requería de malabarismos, así que nos esperaba un combo ferry+bus+noche+avión+avión para llegar a nuestro destino final, Sulawesi. Sí, esta fórmula mágica era la más rápida y cómoda de encajar las piezas del puzzle en el que se había convertido el trayecto. Un puzzle con piezas erróneas, de las que se pueden colocar apretando y engañándote a ti mismo porque sabes que no encaja como debería, algo falla. 


Con la mitad del trabajo hecho nos encontramos en Bima, en la isla de Sumbawa, prontito en la mañana para coger nuestro primer avión, con una pareja de australianos con los que habíamos decidido compartir taxi. Los cuatro nos dirigimos sonrientes a las puertas del miniaeropuerto cuando con toda la tranquilidad del mundo un lugareño que estaba apostillado por allí, nos comenta que esta cerrado. Y nos lo dijo así, con la mayor naturalidad, como cuanto te dicen "no me pises ahí que está recién fregao". Que pensamos... bueno pues ya abrirán, será que es pronto. Pero no, abrirían al día siguiente, o al otro... o bueno sin agobiar eh?? Indonesian style! Por lo visto había unas minirevueltas pacíficas por disputarse los terrenos del aeropuerto y decidieron cerrar el aeropuerto ese mismo día. Motiu de cese.




Aquello suponía dos cosas, que perderíamos los dos vuelos consecutivos y nos quedábamos sin Sulawesi, y que estábamos atrapados en Bima, el pueblo-ciudad más feo que hemos visto en Indonesia, donde parecía que no habían visto un blanco en años. Además, el tener que reclamar gastos y demás a los tíos más impasibles del planeta junto con los cansinos rezos del Ramadán hacían que tu mala leche fuera inevitablemente in crescendo. Al final decidimos volver a Bali por tierra. No me quiero hacer mala sangre pero lo que se sucede las siguientes 40 horas es un sinfín de autobuses de malamuerte, ferrys pochos y esperas infinitas que siempre podían ser más insufribles con una conjuntivitis dolorosísima que le dio a Didi por somatizar toda la situación. 




Tras desembarazarnos de los australianos que nos habían traído más mal fario que dos velas negras, ya habíamos perdido la noción del espacio-tiempo cuando llegamos por fin a lo único que podría sanar nuestros vapuleados cuerpos. Ese remanso de paz llamado Ubud al que llegamos uno con lágrimas en los ojos y la otra con la incapacidad de llorar debido a tener los ojos como dos claveles rebrotados. Besamos el suelo al llegar, no importaba que oliéramos a descansillo cerrado, los picotazos de mosquitos y pulgas que cohabitaban en los buses e incluso perder la vista si no quedaba más remedio, porque la isla de Bali nos volvía a arropar con su incienso y con esas campanillas que te siguen al andar y no puedes ni quieres sacar de tu cabeza. Allí ya nada malo podía ocurrirnos sobre todo porque el par de cenizos australianos estaban ya a muchos km de nosotros. Esa noche dormimos felices y tranquilos, con parche en el ojo pero sin cara de malo. Prometimos volver a Ubud y allí estábamos.




Lo que nos gusta de Ubud es que además de ser precioso, es un lugar que al menos a nosotros nos inspira... nos motiva a querer hacer cosas nuevas, a no tener miedo a probar, porque es casi imposible no acertar. Es por ello que aquí nos iniciamos en el running unas semanas antes. Si, si, habéis leído bien. Didi que solo se veía capaz de correr cuesta abajo con la única condición de que al final de la cuesta hubiese un bar donde sirvieran una buena tapa con la caña, corrió sus primeros 30 minutos seguidos. Correr entre campos y campos de arrozales al amanecer hace que te olvides de todo, incluso de haber perdido unos cuantos vuelos. No hay mal que por bien no venga, y si todo el lío sirvió para volver a Ubud es más que bienvenido.




En Ubud además se rodó la película "Come, reza, ama" y después de unos años cientos de mujeres se pasean por allí en pantalones bombachos por si encuentran un Bardem como la protagonista. Y entregados como estábamos a la cultura balinesa no nos podíamos ir de allí sin ver uno de los típicos bailes que inundan la noche de Ubud con sus ritmos y sus campanillas. Es una musiquilla repetitiva y muy agradable al oído, bailada con el detalle de la perfección asiática por jóvenes chicas vestidas con los mejores trajes de gala balinesa.




Definitivamente Ubud es una mezcla perfecta entre cultura, cuerpo y naturaleza. No sabemos si esta es la razón por la que allí se apuesta por lo vegetariano, por lo orgánico y por el culto a cuerpo y mente con muchos centros de yoga y pilates. Nosotros que somos claramente carnívoros y nos tienta más la fritanga que el apio, no creímos que este tipo de cosas fueran a convencernos. Pero fue probar una buena ensalada de remolacha y semillas y unos tés de jengibre y saber que queríamos más. Nos decidimos a ir probando diferentes vegetarianos y realmente le encontramos la onda, de hecho en pleno éxtasis de hortalizas y lemongrass nos apuntamos a una clase de yoga. Ooooohhhhmmmmmmm.






Tres días más con esa dinámica y nos acabamos convirtiendo en Madonna. Pero el visado llegó a su fin y muy a nuestro pesar debíamos dejar Indonesia. Dejamos atrás mil y una experiencias en esta locura de país. Dejamos atrás la paz espiritual de Ubud, un sitio donde realmente hemos encontrado la felicidad y al que, no hace falta ni decirlo, volveremos. Nuestros pasos nos han llevado por las islas Gili disfrutando de sus playas, su amable gente y sus puestas de sol, a recorrer Lombok en moto esquivando monos y búfalos entre palmeras y acantilados, a respirar las nubes en el monte Rinjani y su precioso volcán, a navegar frente las costas de Sumbawa y Flores hasta llegar a contemplar de cerca los dragones de komodo. Nos hemos bañado bajo las estrellas junto al brillante plancton y hemos rodado arriba y abajo de la cubierta de un barco en una noche de miedo y aventura. Hemos sufrido, acabamos agotados en trayectos insufribles y por momentos fue duro viajar aquí, pero nos encantó. No sólo nos faltó Sulawesi, Indonesia es infinita y da la sensación de que cada nuevo lugar por descubrir será una sorpresa. Seguimos viajando, sin prisa pero sin pausa, sabiendo que por muy agotador que sea el día, llegará la noche, nos abrazaremos, sonreiremos y al cerrar los ojos volveremos a Ubud.




By Pere&Didi.

1 comentario:

  1. Vaya 3 últimas historias, Rinjani, mar de flores y la odisea de querer llegar a Sulawesi y terminar en Bali. Sigo engancgada a vuestras aventuras!! Os deseo más suerte con los transportes. Fuera de indo seguro es más fácil!! Besos y sigan disfrutando! :)

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