miércoles, 17 de julio de 2013

DRAGÓN A LA VISTA!

No pudimos con el Rinjani. Y eso no significa que él pudiera con nosotros, sino que no era nuestro momento de coronarlo. La causa, mayor. Habíamos conseguido para el día siguiente un billete a suuuperbuen precio para navegar en barquito local las costas del norte de Lombok y Sumbawa durante 4 días y cuatro noches que nos llevarían a la isla de Flores. 4 días que ahora recordamos con una sonrisa pero que por momentos nos hicieron sufrir hasta el punto de dormir con los chalecos puestos... Aunque para susto el que se llevaron los padres de Didi al comentarles esto una vez en tierra, el autocorrector dejó esta solemne frase: "Los de abajo murieron con los chalecos puestos". Eso sí que es darle emoción y echarle salsa a una historia.




La apuesta corría de nuestra cuenta: 4 noches durmiendo en cubierta, a expensas del oleaje, parando en islas desiertas para bañarse en sus cascadas de agua dulce, donde lo lógico al despertarse con el primer rayo de sol es tirarse al agua desde el punto más alto del barco con los ojos aún somnolientos. Fue una experiencia única. Éramos unas 15 personas de diferentes lugares (así que de local no tenía nada) con sólo una cosa en común; que no teníamos ni idea de lo que nos esperaba.




Dormíamos todos en cubierta resguardados de sol y lluvia por una lona, con los ojos apuntando directamente a las estrellas al caer el sol. Comodidad digamos que escasa, una colchoneta pocha en el suelo y mucho arroz blanco para comer y cenar, pero eso era lo de menos, estábamos surcando los mares de Indonesia! La idea era navegar toda la costa norte de Sumbawa hasta llegar al destino más preciado de Indonesia, con permiso de Bali... Komodo!! 




El primer día transcurrió sin problemas, conocimos a Baptiste, un viajero francés en busca de dragones y tomamos unas cervezas en la parte trasera del barco para despedir al buen sol que nos había calentado todo el día. Tras una corta noche recalamos en una isla donde se comentaba que había unas cascadas de agua dulce que bien podía hacer de ducha. Además el snorkel era de otro mundo, el fondo marino de indonesia es infinito y es imposible que te canses de curiosear detrás de cada coral. Encontramos las cascadas y tras un bañito reparador volvimos a lo que sería nuestra pesadilla esa misma noche...




21:00 p.m : Dinner time durante un incesante zarandeo, la gran mayoría ya con la cara de un color verde aguacate, dejaron su plato de arroz por verse incapaces de comer sin marearse o sin tirarse todo el arroz por encima.

23:00 p.m: Vamos a intentar navegar un poco más cerca de la costa porque el mar está verdaderamente bravo hoy. Por lo visto Neptuno está algo irritado esta noche.

1:00 a.m: Uff, imposible dormir así, voy de lado a lado de cubierta! Ahora estoy aquí, ahora ya no, voilá! Llevo una hora calculando la distancia a la orilla y no lo tengo claro... Todo el mundo tiene el chaleco a mano? Anda que como esto naufrague...ya decía yo que nos había salido muy bien de precio.

2:00 a.m: Una holandesa gritando: It's still safe? nos hizo pensar que aquello se ponía feo de verdad. Olas que empezaban a cubrir el barco, la mitad acostados con el chaleco salvavidas, y el capitán que aunque parecía tranquilo no quería que le tocaran mucho sus huevos indonesios... Los 3 jóvenes marinos que nos acompañaban gritándose como locos mientras estiraban de cuerdas y cabos. En serio, la sensación de rodar por cubierta unos diez metros y ser vapuleado de lado a lado te demuestra fuerza del mar no es comparable a nada, y lo podemos decir ahora. Nunca antes habíamos experimentado tal potencia, nuestros cuerpos eran hormiguitas en un desague.

4:00 a.m: Llegamos a una cala donde parece que no llega tanto oleaje, primer momento de distensión en el que aprovechamos para recoger y poner en orden esa lasagna de colchonetas y personas que se ha formado a un lado de cubierta. Ahora sí que podemos intentar dormir un poco. 

5:00 a.m: Calma Total. El mar es como una balsa. Estamos a salvo.




Nunca se nos olvidará el respeto que hay que tenerle al mar. Una simple ola era capaz de desplazar nuestros cuerpos y otra simple ola te devolvía al lugar de origen, como si el mar soplara plumas; nunca fuimos tan ligeros. Pero tras la tormenta el siguiente día amaneció con un impresionante cielo celeste y transcurrió muy relajado, hubo más snorkel del bueno, muchos saltos desde arriba del barquito, cervezas al atardecer e incluso podíamos jugar a cartas de lo calmado que estaba el mar. Aunque no nos atrevíamos a decir que lo habíamos vencido porque aún quedaba lo que habíamos venido a buscar... Los lagartos de mayor tamaño de la tierra.




Despertarse al alba siempre es genial, de hecho nuestros veteranos padres suelen decir que es la mejor hora del día. Como siempre, llevan la razón. Y despertarse al alba navegando rodeado de islitas mientras te acercas sigilosamente a Komodo surcando el tranquilo mar de Flores es... Priceless.




Finalmente el cuarto día llegamos a una isla única en el mundo, por lo salvaje de su naturaleza, porque su fondo marino es espectacular, porque sólo llegar hasta allí ya es una aventura y porque está donde cristo perdió la alpargata. Ah si! Y por estar poblada por el lagarto más peligroso del planeta, el temible Dragón de Komodo.




Poner el pie en la isla te obliga a estar alerta de que no te aparezca ningún bicho a menos de 20 metros a la redonda, aunque la verdad es que vimos muy poquitos y prácticamente inofensivos. En su hábitat natural vimos sólamente tres, de movimientos rápidos, gigantescos y con cara de muy mala gaita. Hasta hace muy poco se pensaba que su saliva era tan tóxica que un mordisco de dragón de Komodo provocaba tal septicemia que derivaba en muerte segura y posterior depredación por parte de tan cariñosos reptiles. Los ultimísimos estudios han revelado que no, que su saliva está en perfectas condiciones y que básicamente cazan como pueden, lo que si es cierto es que donde ponen el ojo ponen la garra. Mejor ni acercarse.






Los tuvimos muy cerca, se trata de un bichaco de hasta tres metros y 70 kgs de peso, mezcla de iguana y cocodrilo, rápido en tierra y bajo el agua, con garras en forma de garfio y dentadura mortal. Dan miedo, mucho miedo. Ninguno de los guardas forestales presentes se había acercado nunca a menos de 4 metros de ningún dragón, básicamente porque si llegas a estar a menos de 4 metros de uno lo más seguro es que no lo cuentes. Fue una experiencia de ésas que recuerdas siempre con un escalofrío. Increíble.




Lo mejor estaba por llegar. Entre las islas hicimos noche en una minicala donde el agua estaba como un plato a la luz de la luna llena. En una apasionante partida de cartas con Baptiste nos jugamos un baño nocturno bajo las estrellas... Las apuestas son sagradas y le tocó tirarse del barco a las negras aguas de la noche, a la siempre afortunada en cuanto a competición se refiere... Didi al agua! Cual fue nuestra sorpresa al ver que, sin dudarlo mucho se tira y todo el agua a su alrededor empieza a brillar en millones de chispas... El plancton brillaba como nunca!! Se tiró Pedri, después Baptiste y una alemana que flipaba con el brillo subacuático de nuestros movimientos. Cada brazada, cada pequeña mano movida hacía brillar el agua bajo la luna, no sabíamos que el plancton podía ser tan fluorescente, incluso se te queda pegado a la piel y sigue brillando como purpurina. Ahí estábamos, estirados de noche en una miniplaya entre las islas del Señor Dragón de Komodo. No pronunciamos palabra, simplemente agradecimos poder estar viviendo ese momento con todas nuestras fuerzas.


El día siguiente volvimos a la realidad indonesia, ésa que te recuerda que éste país es uno de los más jodidos para viajar,no sólo porque los transportes sean más bien cutres, también porque los trayectos son muy largos y hasta que no has llegado a destino NUNCA puedes cantar victoria. Nuestra idea al llegar a Labuan Bajo, en la isla de Flores, era conseguir un ferry para poder ir a Sulawesi, donde teníamos intención de pasar unos días con la tribu de los Tana Toraja. Bueno, pues el ferry que esperábamos pasa dos veces al mes, y no, no iba a pasar otra vez ese mes. Estábamos perdidos en medio de Indonesia sin rumbo ni destino, y la cosa no pintaba nada bien. Al ver en un mapa dónde nos encontrábamos nos dimos cuenta que realmente estábamos en medio de la nada y que iba a ser francamente difícil salir de allí...



By Pere & Didi.

4 comentarios:

  1. Qué pena que sepamos ya el final de antemano y que, de alguna manera, salisteis de allí! :p

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    1. Jajaja, si, el hecho de llevar un retraso monumental en las entradas del blog le quita un poco de emoción... Eso y que no queremos hacer sufrir a nuestros pobres papis!! Lo que es seguro es que a tu casa llegaremos, mareados y vapuleados pero llegaremos!

      Un abrazo Gon!!

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  2. Vamos, que el crucero ha sido como el de "Vacaciones en el Mar". La serie que habia en la tele, aunque ese crucero era por el Caribe.
    Hoy termina mi mes sabático, y tambien he estado en playa y montaña, y tb. me he enfrentado a un toro de 400 Kg. a menos de un metro (vale estaba dentro del coche, pero me miraba muy mal)

    Besos

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    1. Jajaja...bueno como el crucero aquel pero se pueden buscar las siete diferencias, la primera que nosotros no íbamos con hombreras y alguna que otra insignificancia. Que pena que ya se haya acabado tu mes sabático, pero lo importante es que haya acabado sin ninguna cornada..torero!! un besazo!

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