viernes, 12 de julio de 2013

SOBREVIVIENDO A UN VOLCÁN

En ocasiones, veo Rinjanis... Durante este viaje varias veces nos hemos encontrado con un pensamiento rebotando en nuestras cabezotas. Intentando subir el monte Rinjani ése pensamiento fue más reiterativo que nunca: ¿Quién me manda a mi meterme en estos fregaos? Cuando preguntamos en las agencias de trekkings la dificultad de la subida al Rinjani, ellos se limitaban a escudriñarte de arriba a abajo para darte una respuesta muy profesional. Es decir que según su ojo de buen cubero si tienes menos de 90 años y no necesitas una grúa para levantarte de la cama es obvio que puedes. Nos ha jodido, subir se sube, y sufrir, se sufre. Pero claro, nuestra bucólica idea de disfrutar del camino no se debe estilar mucho por aquí.




Antes de acometer la subida decidimos tomarnos un día de reflexión electoral y recorrer Lombok en moto. Una isla de vegetación exuberante, llena de verdes montañas y palmeras hasta donde te alcanza la vista, mucho menos poblada que Bali y con playas infinitas que limitan con prados verdes donde pastan tranquilos manadas enteras de búfalos de agua.






Tras un buen rato en moto dejando atrás los cargantes rezos islámicos del ramadán que nos taladraban desde las 4:30 de la mañana hasta la 1:00 de la madrugá , exploramos la parte sur de la isla, la zona de Kuta Lombok que nada tiene que ver con la de Bali. Llegamos a Tanjung Ann, la mejor playa de Lombok, Bali y las Gili juntas. Una semiluna perfecta, arena pols-primavera y agua blanca. Tras un largo paseo en la que a mi entender es la mejor playa para caminar que he visto nunca, volvimos al hostel espiritualmente mentalizados para el mítico trekking del monte Rinjani, que vistos los resultados, nos pilló totalmente por sorpresa.






Tras descansar las tres horillas que esos cánticos sin fin nos dejaron, salimos aún de noche hacia la falda de la montaña donde empezaríamos la caminata. Por cierto, después de unas cuantas noches en vela por culpa de los cánticos del ramadán, nos enteramos de que los indonesios no entienden ni una palabra de los rezos... El mismo dueño del hostel nos lo confirmó al preguntarle a qué se debía tanto frenesí mezquitero: "Yo que sé, leen el corán en árabe y aquí nadie habla árabe, estamos en indonesia, sabes?"




Bien, sigamos con el Rinjani. Lo conseguimos... a medias. Un mes más tarde todavía tenemos agujetas pero hicimos lo que pudimos. Para subir hasta la cima del Rinjani se necesitan 3 días, y nosotros por meternos en más y más fregaos sólo disponíamos de dos días, puesto que el tercero nos esperaba otra gran locura de la que ya hablaremos... En dos días llegas hasta la cresta dónde a tus pies queda la espectacular vista del volcán en medio de un lago esmeralda. El tercer día lo dedicas a subir hasta la cima en dos o tres horas que según cuentan son letales. Evitamos ridículos mayores y nos quedamos en 2 días.

Fueron dos días con noche en tienda de campaña muertos de frío en la cresta de la montaña. Pero todo empezó muy deprisa, con información nula respecto al trekking (algo muy importante en la montaña) y con un ritmo durísimo no apto para todas las piernas. Éramos un grupo de 10 más los porteadores, y por delante una subida infernal de 2000m, unas 8 horas, con alguna parada para recuperar fuerzas. Evidentemente todos íbamos perfectamente equipados con botas, palos, ropa especial, mochila adecuada, etc... y también evidentemente los porteadores nos volvieron a dar en toda la frente adelantándonos sin problemas con 25 kg cargados de una caña de bambú en un sólo hombro, lloviendo y...con chanclas. Si, si, no me pises que llevo chanclas. No son humanos.




Fue durísimo pero valió la pena. Los últimos metros prácticamente se hacían escalando, por suerte hicimos mucha amistad con algunos compañeros del grupo como el austriaco Mario y nos distrajimos de tanto sufrimiento necesario. Es el precio por ver algo tan bello. No justo al llegar arriba, ya que la niebla cubría todo y no se veía ni el plato de arroz que estabas comiendo, sino al día siguiente al despertar a las 5 de la mañana, oscuro todavía, y  poder contemplar en silencio cómo uno a uno los rayos del sol coloreaban el lago y su particular volcán, siempre humeante. Un espectáculo. A un lado el majestuoso Rinjani, y al otro lado, más allá de la sabana de Lombok, se podían apreciar las 3 islas Gili que nos miraban con asombro. ¿Hasta ahí habéis subido? Con lo bien que se está al nivel del mar...





Al cabo de un par de horas a algunos nos tocó bajar, y dejamos la cima del Rinjani del día siguiente para los demás compañeros del trekking sin ninguna envidia. Aún buscamos nuestras caderas entre tanto pedrusco, aunque seguramente se las llevaría algún mono de los cientos que nos acompañaron todo el camino. Los días siguientes nos acordaríamos de la experiencia con unas terribles agujetas en músculos inéditos para la ciencia (que ladra ;-)), en inglés sore pain, aunque tienen nombre propio, Rinjani. Ya descendidos, tras 4 horas de camino bajo la lluvia, nos esperaba una de las aventuras más acojonantes de todo el viaje, literalmente enrolados a un peligro que no esperábamos, el mar de Flores.





Comparado con el Camino Inca se puede decir que aquél fue más duro, aunque éste más intenso, y la falta de información es un aspecto que deben mejorar los indonesios, que al final consiguen hacer buenos a todos los demás organizadores del planeta. Además el grupo de personas del camino Inca no hace falta ni decir que es no-superable por nada. A menudo tenemos la sensación de que en Sudamérica disfrutamos más el trato con la gente, tanto local como viajera, y no necesariamente por cuestiones del lenguaje, que obviamente ayudan. Pero esto ya no es Sudamérica, ni Malasia, se podría decir que ni siquiera Asia... esto es Indonesia, y estamos metidos hasta el fondo.



By Pere&Didi.

1 comentario:

  1. increiiiblee diosss!! como me gusta ver sus fotoss e su historiaa!! Abrazo enorme desde Argentina!!
    Estefi

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