miércoles, 3 de julio de 2013

THAT'S WHY BALI


Once upon a time, casi en el amanecer del mundo, en una remota isla nacida de violentas erupciones de un volcán y  rodeada por las olas de mil mares distintos, se hallaba un reino cuyos habitantes se enorgullecían de ser los más felices de entre todos los reinados de todos los mares. Eran considerados por sus vecinos como los extraños moradores de la isla mágica. La llamaron Bali.




Los balineses dedicaban su día a día a perpetuar el estado de felicidad mental en el que se desarolla su vida y la de sus vecinos. Fueron bendecidos por todos los dioses hinduistas durante siglos, hasta el punto que en esta isla, igual de perdida que cualquier otra, se desarrolló una religión única en el mundo. Una religión tan generosa que si se conociera en el resto del mundo sería el fin de todo y de una vez por todas, el principio.






Durante todo este tiempo nadie consiguió entender qué llevaba a aquella gente a no cambiar ni un milímetro su forma de vida. Los balineses despertaban cada mañana con el canto de los gallos, se engalanaban con camisas de lino y sarongs en blanco y oro y se dedicaban a ofrecer su cuerpo y alma a través de rezos y rituales. Cada mañana recogían el bunga, la flor más compacta y perfecta que se conoce, que nacía  en el último brote de las ramas de un árbol que a simple vista parecía seco y muerto desde hace años, pero que durante la noche llora sus flores. Cada mañana repartían ofrendas hechas con hojas de plátano, pétalos de flores, frutas e incienso por todos los rincones de casas y negocios para atraer la buena suerte de los dioses hacía ellos.






Los balineses utilizaban el dinero a diario, y un mismo billete no solía durar en una misma mano. Diariamente ofrecen, invierten el dinero o celebran algo para poder gastarlo. Según la cultura balinesa el dinero no es tuyo hasta que no lo gastas. Sus tradiciones eran muy expresivas y basadas en tres pilares, religión, solidaridad y amor por lo estético. Por eso cada día había una ceremonia, porque para los balineses el hombre debía mantener el equilibrio entre el ser humano, los dioses y la naturaleza.






Se construyeron pueblos de una arquitectura sin igual en los siete mares ya que cada espacio era sagrado, así sus casas al igual que sus templos, venían precedidas por una imponente puerta ornamental de piedra. Cada vivienda estaba compuesta en su interior por jardines y varias casitas decoradas hasta el más apartado rincón para que toda la familia, generación tras generación y sus siguientes reencarnaciones vivieran alli durante toda la eternidad.






Cada uno de los habitantes del reino de Bali debía sentirse atraido por algun arte: pintura, baile, musica e incluso arrozales, que también se consideraban una forma artesanal de tratar sus tierras. Plantaron campos de arroz que brillaban como espejos y llenaron también sus montañas de ellos, llamándolos escaleras de los dioses.






Pero un terrible día Bali amaneció tranquila regando sus campos de arroz y al atardecer se vió rodeada de enemigos, unos curiosos hombres perfectamente uniformados con T-shirts sin mangas y gorras tan estridentes como sus gafas de sol. Según la leyenda estos hombres venían de un país lejano donde los canguros y koalas poblaban sus tierras y grandes tiburones y medusas les impedían disfrutar de sus mares. Es por ello que los invasores trataron de hacerse con el poder de las costas de la tranquila Bali y coronar sus grandes olas.




El desconcierto reinó durante los primeros años en estas apacibles tierras que veían como las playas se sembraban de tablas de surf y las mieles de los dólares australianos ya cautivaban a algunos de los balineses. Fue el triste caso del templo Tanah lot. Un templo imponente, erigido sobre rocas dentro del mar y cuya silueta se recorta en el cielo con el sol del atardecer. Fue una gran batalla perdida para Bali que algunos de sus propios habitantes lograran destruirlo, levantando miles de tiendas de souvenirs que le arrebataron la belleza a aquel lugar. Otros de los balineses, cegados por el brillo del dinero, comenzaron a apostillarse en algunas de las calzadas más antiguas de la isla pidiendo un peaje únicamente por pasar por allí, vía pública, de todos.






Los jefes de cada familia relevante en Bali se reunieron para discernir sobre lo que estaba ocurriendo. La nueva estrategia de los balineses para combatir los ataques de las hordas australianas y sus temibles tablas de surf no se demoró. "Quedémonos con su desalmado dinero y utilicémoslo en nuestro favor. Haremos más ofrendas. El incienso cada día es más caro y nuestras hermosas vestimentas cuestan mucho de mantener. Podemos ceder un pequeño trozo de isla a cambio de crédito ilimitado. Usemos a nuestro enemigo."  Y así fue como Bali regaló la ciudad de Kuta y sus alrededores, que en breve se convirtieron en un auténtico infierno de tiendas y antros de perdición postureada. A cambio todo balinés sonreía  a diario a sabiendas del dinero que les reportaba la pequeña invasión australiana.




Es por esto que a partir de este momento los balineses escogen lo que quieren del mundo exterior y siguen aferrados y fieles a sus poderosas costumbres tradiciones que dan sentido a su vida y a una religión que solo les pertenece a ellos. Nosotros pudimos vivir una semana con una familia en Ubud, el mejor lugar para apreciar cómo los balineses viven, en parte, ajenos al mundo turístico que sin duda los rodea. Nos despertamos con sus gallos, corrimos por sus campos de arroz y dejamos que una paz espiritual que no conocíamos nos abrumara al son de su música y su incienso. Es la primera vez en este viaje que hemos decidido volver a un lugar cueste lo que cueste.






Quizás por lo que hemos contado Bali es conocida en cualquier rincón del planeta.

Por eso atrae millones de personas al año.

Por eso muchas de ellas acaban odiando que allí se les cobre inexplicablemente por todo.

Por eso otras muchas se enamoran del aire que se respira, de los sonidos y de la forma de vida que se desarrolla en esta isla que huele a incienso.

Por que su cultura es mucho más imponente que su naturaleza.

Por que su estética es única, y su amor por ella la convierte en eterna.

Por que puedes odiarla y amarla al mismo tiempo.

That´s why Bali.




By Pere&Didi.

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