sábado, 27 de julio de 2013

MEKONG: VIDAS FLOTANTES

Hablábamos de nombres míticos, Saigón, el Vietcong, y cómo no, el río Mekong. Éste río recorre gran parte del sudeste asiático y desemboca en el sur de Vietnam, en el espectacular Delta del Mekong. Es fuente de vida y recursos para millones de personas repartidas en sus orillas a lo largo de los 6 países que atraviesa su cauce. No podíamos estar tan cerca y perdérnoslo, así que fuimos un par de días desde Saigón a conocer de cerca la vida flotante en esta parte emblemática de Asia. 




El Delta ocupa un amplísimo territorio al sur de Vietnam y parte de Camboya, y cientos de asentamientos, pueblecitos y grandes ciudades se reparten lo que da de sí el gran Mekong. Sus aguas riegan infinitos campos de arroz, con el que se hace harina y pasta para noodles de arroz, que es básicamente el 90% de la dieta de esta gente. Ellos dicen que comiendo cada día y a todas horas fideos de arroz tu cuerpo adopta la forma también de fideo y damos fe de que a los vietnamitas les funciona. Aunque con los demás no nos acaba de funcionar ésa fórmula que digamos...






Antes de llegar aquí ni nos imaginábamos cómo se puede vivir literalmente en/del/por y para el río, pues para nosotros puede parecer imposible pero ellos se apañan muy bien.  El primer día fue de toma de contacto con el río, sus barcazas, su gente y su comida. Pasear en barca durante todo el día es como ver una telenovela costumbrista vietnamita, pues los habitantes del delta hacen toda su vida de espaldas a la ciudad, de cara al río. Lavan la ropa, cocinan, comen, se bañan y se cuentan sus miserias, todo mirando del lado del Mekong. Cuando decimos casas nos referimos a chabolas de chapa en mal estado, sucias y con más ratas que inquilinos habituales. Aquí empezamos a descubrir lo que es la cultura de la suciedad que impera en muchos países de Asia. Qué les pasa a esta gente con la basura? La tiran por todos lados y esperan que se recoja por arte de magia. Resultado, todo apesta y fa lleig...






El segundo día fuimos a Can Tho, la ciudad que alberga el mayor mercado flotante de todo Asia. Llegamos en barcaza admirando todo lo que es capaz de albergar el Mekong. Sus aguas se convierten en el hogar y forma de vida de millones de personas que se instalan en sus orillas para aprovechar las 24 horas sus aguas, o bien en casas flotantes, o sencillamente viven en sus barcos. Sin darnos cuenta estábamos en medio del meollo, los barcos se multiplicaron a nuestro alrededor colocándose en paralelo para poder saltar de uno al otro fácilmente. Empiezan los gritos entre ellos, negociando, cargando piñas y descargando sandías de una barcaza a una canoa. Eran las 7:00 de la mañana y el mercado flotante estaba en pleno rendimiento!




Se convierte en una auténtica autopista de barcos enormes y barcas más chiquititas y manejables que usan para moverse de un barco a otro y para ir las orillas, para hacer los recaos vamos. A veces se te acerca una canoa donde la madre te ofrece un café delicioso y su hijo lava allí mismo las tazas, con agua del río, claro. El agua es color chocolate en ésta época de lluvias, aunque dicen que se aclara en la época seca, habría que verlo... Igualmente ver a los críos bañarse aquí te hace sentir muy tiquis miquis, porque nosotros ni de coña nos atreveríamos!




Cruzamos tres barcos haciendo equilibrios por sus cubiertas para llegar hasta la señora con enorme gorro vietnamita que vendía piñas fresquísimas, compramos una recién pelada por unos 40 céntimos de euro y nos sentamos en otra cubierta de otro barco a contemplar el espectáculo. Éste es su día a día, caótico y duro pero lleno de vida y caras sonrientes. Ninguno de ellos podría vivir un sólo día sin su río, su verdadera alma flotante.




Volvimos a Saigón cansados pero alegres de haber conocido una forma de vida tan diferente a todo. Definitivamente Saigón nos gusta, tiene vida, modernidad, tiene una cara siempre sonriente. Algo muy curioso al pasear de noche por las calles y parques de Saigón, es que de vez en cuando te abordan algunos jóvenes estudiantes para hablar contigo y poder practicar su inglés. Esa noche acabamos sentados en el suelo de una plaza rodeados de 15 estudiantes universitarios hablando en inglés con nosotros, fue muy divertido. Con nuestro nivelazo de inglés, aún no está claro si aprendimos más nosotros o ellos... Igualmente, es increíble lo diferentes que somos, este tipo de situaciones no se darán nunca en Europa, nuestro orgullo y sofismo nos impide avanzar en demasiados campos. Nos hemos propuesto aprender de cada sociedad y lugar al que vayamos, y Vietnam es sin duda un muy buen sitio para  aprender de los demás.




Nos despedimos de Ho Chi Minh City con un hasta pronto y nos encaminamos hacia nuestro próximo destino. Para llegar a él hacen falta dos noches ya que aquí lo más habitual es hacer los trayectos en sleeping bus. Los sleeping bus vietnamitas son muy freakys por que al entrar te encuentras con tres filas de cápsulas para dormir dentro. Lo único malo es que son tamaño vietnamitas y vas un poco justo, pero acabas durmiendo aunque te sientas un hombre-bala. Entre las dos noches que necesitábamos para llegar al ansiado próximo destino debíamos hacer una parada técnica de un día en Nha Trang, un Benidorm vietnamita plagado de rusos y fue perfecto porque dedicamos el día a tumbarnos en la playa, a leer, comer langostas por 5 euros y jugar al frisbee con el chico de las tumbonas. Una espera perfecta.




Al caer la tarde, cuando los rusos arrastran sus toallas hacia las piscinas de los hoteles, la playa se llena de vida local. Es el momento elegido por los vietnamitas para disfrutar de ella sin tener que broncearse, porque aquí estar moreno está muy mal visto. Todas las cremas son blanqueantes de piel y se pasan la vida en manga y pantalón largo para que no les de un rayo de sol, y con el calorazo que hace aquí los cánones de belleza representan bien lo de "para lucir hay que sufrir..." . Es el momento de merendar y de meternos en nuestra cápsula del bus para despertar en uno de los pueblos más bonitos y con encanto que hayamos visto nunca: Hoi An.



By Pere&Didi.

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