jueves, 1 de agosto de 2013

MIL FAROLILLOS Y UN COLOR


A estas alturas de viaje nos tememos lo peor cuando visitamos lugares muy conocidos. ¿Son turísticos porque son bonitos o llegamos tarde y ya han dejado de serlo por ser precisamente demasiado turísticos? Hoi An fue una nueva sorpresa vietnamita, turístico, lleno de gente y tiendas en cada esquina, pero precioso y tranquilo, uno de los lugares con más encanto que hemos conocido. De las mil caras que ofrece Vietnam, sin duda ésta es la más sensual.




Hoi An es un pueblo situado en el centro exacto de este alargado país, entre Saigón (Sur) y Hanoi (Norte). Nada más llegar nos cargamos las mochilas para caminar un poquito mientras buscábamos cama. Sus calles son tan bonitas que al cabo de media hora de caminar bajo el solazo ni nos dimos cuenta de que aún íbamos cargando con todo y sin pensar en dónde dormir! Decidimos quedarnos en el Pho Hoi, un hotel caro pero muy céntrico y con encanto, para estar en armonía con el medio ;-P




En Hoi An entras en una burbuja de buen rollo color amarillento, desgastado y decadente ma non troppo, casi diría que decapado, como ese tipo de muebles que tanto gustan ahora. El centro es como un mercadillo perfecto donde todo vendedor parece parte de un decorado, y el gorro vietnamita un atrezzo de primera para una representación diaria del Vietnam de hace 100 años. En realidad Hoi An es conocido por sus textiles y medio mundo viene aquí a hacerse un traje o ropa a medida, y los cientos de sastrerías que hay una al lado de la otra prometen confeccionar vestidos impecables a la percha de  uno en pocas horas.






Vietnam + Agosto = Calor sofocante, aunque por fortuna las calles de Hoi An son un laberinto perfecto de buganvillas que caen sobre las descascarilladas fachadas y que te permiten pasear bajo sus sombras y sus mil colores. El mejor lugar para ver el atardecer en Hoi An es precisamente bajo esas mismas buganvillas que dan colorido a las calles por el día y que por la noche se convierten en portadoras de los miles de farolillos rojos y morados que se van enciendiendo a medida que cae el sol, dando al lugar un aire de eterna verbena.



Ese es precisamente el mejor momento para elegir una mesa a la orilla del río y pedirse un par de cañas. Si, para nuestra perdición en Hoi An se hace una cerveza casera que se tira sobre unas jarras heladas y que además de estar francamente buena solo vale 0,20 €. Vale que su gastronomía no nos ha encantado precisamente pero con lo de las cañas baratitas se nos ablanda el corazón. Este es el motivo por el que en más de una ocasión nuestra visita se vió ralentizada, pero cuando el calor aprieta ya sabemos todos cual es mejor remedio, lo hacíamos por salud básicamente. Ellos a su vez también se protegen de la horas en las que el calor más aprieta. Cuando el bullicioso mercado matutino se queda en silencio sobre la una del mediodía todos los tenderos se recuestan en unos plegatines estratégicamente colocados bajo su tenderete. Es muy gráfico ver el pasillo central con los puestos perfectamente alineados y los pies de sus respectivos dueños asomando por debajo, te entra sueño con sólo verlos! Los que tienen mal dormir se entretienen abanicándose y jugando una partidita de cartas. Cómo me recordó a una que yo me sé, que adoraba jugar a las cartas por la tarde, eso sí, que no hubiera perdonado nunca saltarse una siesta.






Claramente la mejor actividad en Hoi An es perderse por sus calles cámara en mano. Cada rincón, callejuela o fachada podría protagonizar una portada. La mujer que vende fruta en plena calle sonríe al  viejo que pedalea en el ricksaw que pasa rozando un farolillo violeta que alumbra tenuemente cómo cierran silenciosamente una tienda y despiden un nuevo día en éste pueblo donde se respira charm.




Ya el tercer día allí decidimos hacer algo útil con nuestra vida y pasamos con los ojos cerrados por delante de las cervecerías, con lo que pudimos organizar una excursión para el día siguiente para ver amanecer en unas ruinas cercanas, My Son. Nos comentaron que si ya habíamos visitado Angkor Wat en Camboya, éstas nos decepcionarían. Nosotros aún no habíamos estado pero también nos decepcionaron... Sobre todo porque pese al madrugón, llegamos cuando el sol estaba ya bastante alto como para que un par de jornaleros hubiesen almorzado por segunda vez. Aun así la excursión se hizo bastante amena porque coincidimos con tres españoles y esto casi siempre te asegura un punto de cachondeo.






Ya de vuelta a Hoi An nos preguntamos qué podíamos hacer con semejante calorina y nos alegramos enormemente de saber que además este pueblito tiene 2 playas a solo a 20 min en bici. Bañador y a pedalear!! Bueno antes un par de cañitas no? 0,20 € la jarra helada, por Dios!! Legamos a una playa preciosa que nos deparó dos sorpresas. La primera, que estaba desierta, ya que todos los turistas vietnamitas estaban escondiditos en la sombra para mantenerse rostropálidos, y la segunda que en vez de sombrillas la orilla estaba sembrada de los barcos de pescadores típicos de esta zona. Son exactamente iguales a los que imaginaba de peque cuando escuchaba la canción " un barquito de cáscara de nuez".






Para volver nos alejamos de la carretera principal para perdernos por algunos senderos de los que se usan para conducir a las vacas de vuelta a casa por la noche. Para contrarrestar los efectos que la cerveza buena y barata podrían ejercer sobre su población y también como clara herencia de los franceses, aquí en Vietnam hacen un café buenísimo colocando una especie de cafetera sobre un vaso en el que cae, gota a gota el café recién hecho sobre una capita de leche condensada. Mmmm!!





Ahora ya si con la sensación de haber disfrutado de todo lo que Hoi An nos podía ofrecer, ponemos rumbo al siguiente destino. Vietnam se recorre a saltos, empezamos con grandes zancadas pero cada vez las paradas son más frecuentes, cada pequeño paso que damos nos atrapa más a este país. Cientos de años de nobleza y dinastías nos esperaban en el siguiente destino, lugar de emperadores resguardados por impenetrables murallas y ciudadelas prohibidas. Tierra de poder, lujo y secretos. Seguimos en Vietnam!




By Pere & Didi

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