miércoles, 28 de agosto de 2013

ESPECIAL 6 MESES



Estamos en el ecuador. O mejor dicho en lo que pensábamos que era el ecuador del viaje cuando lo planeamos al principio, porque si algo bueno tiene viajar sin límite de tiempo y sin rumbo son las cambios de planes. Como buena muestra de ello decidimos pasar de largo por nuestro siguiente destino que era la capital de Camboya, Phnom Penn, y poner rumbo al sur del país para hacer examen de conciencia y recuento de lo que hemos aprendido hasta ahora. Allí descubriríamos una de las islas más bonitas que hemos visto hasta ahora. Sí, sí, aquí en Camboya.



Koh Rong es una isla que se encuentra a dos horas en barco de la costa sur de Camboya y solo desde hace unos meses está abierta al turismo, ya que anteriormente llegaban solamente un par de barcos a la semana lo que hacía muy difícil llegar hasta allí. Esto significa dos cosas: la primera es que no hay hoteles, tan solo unas cuantas casas de isleños convertidas en improvisadas guesthouses hechas con tablas y la segunda, kilómetros y kilómetros de playa para ti solito. Podemos perdonarle a la isla que no tenga agua caliente....



Si algo hemos aprendido durante este tiempo es a adaptarnos a los cambios rápidamente, un día te tienes que duchar con un cazo y al día siguiente tienes que estudiar aeronáutica para abrir un grifo, en unos lugares te proteges de los mosquitos y en otros de serpientes, aprendes a dormir ya sea en litera, en una cápsula de un autobús o en una lona de una tienda de campaña. De esta forma nos tuvimos que adaptar también a que jarreara en la isla paradisiaca en la que nos encontrábamos e incluso le encontramos el gustillo a bañarse en medio de un chaparrón ante la estupefacta mirada de los lugareños. O_o. Gotas de lluvia que caen desde arriba, gotas de mar que rebotan desde abajo. Pues nada, ya que estamos aquí esperamos a que escampe, un día, dos, o los que sean. "¿tu tienes prisa?. Pues yo tampoco".







Así que nos dedicamos al dolce far niente, tumbados en un chiringuito en la orilla de la playa, leyendo, zampando y muy de vez en cuando, cambiando de postura. Ya sabéis, la dura vida del mochilero buscavidas. Al tercer día salió el sol y decidimos darle un poco de emoción a nuestra vida de amebas y nos subimos a un barquito que recorría un par de playas de los alrededores. La más espectacular solo tenía como mobiliario un rustico embarcadero, dos hamacas descoloridas y un millón de palmeras. Menos es más.






Si esa impresionante playa de arena blanca y agua transparente era desconocida, cómo sería la famosa Long Beach que está justo al otro lado de la isla, catalogada por The New York Times como una de las 5 mejores playas del mundo?? Pero como todo lo que merece la pena requiere un esfuerzo, a esa playa tan solo se puede llegar cruzando la selva que separa las dos caras de la isla. No debía de ser un camino muy sencillo ya que las indicaciones son chanclas que la gente ha roto intentando cruzarlo. Cuando llegas al final hay un contenedor de reciclaje para que eches allí tus maltrechas flipflops. Es un misterio que Asia esté lleno de mierda por todos lados y ahora se pongan ecológicos en esto.






Finalmente la playa era increíble, descomunal, larga como un día sin wifi, de arena blanca y olas gigantes golpeándote con agua cristalina. Una pena que estuviera algo deslucida por los nubarrones que empezaron a formarse pero igualmente mereció la pena llegar hasta allí. Ya de vuelta al lado "civilizado" de la isla, aplicamos la nueva modalidad de recompensa para exfumadores: "por lo bien que lo he hecho, una barbacoa para el pecho" y la repetimos todas las noches, pescadito fresco a la brasa...mmmm. 






Salir de aquella isla una vez que empezó a lucir el sol fue dificilísimo, y lo posponíamos un día tras otro, hasta que fuimos curiosamente animados a alejarnos de aquella arena de ensueño por unos simpáticos animalitos: las sandflies. Son unas moscas monísimas y diminutas que dejan, si que tu te percates de nada, unas picaduras monísimas también, que van digievolucionando espantosamente y pican a morir. 167 picadas fue el computo final en el cuerpo de Didi, que se vuelve a llevar el premio gordo en cuestión de bichos. Vale vale, me habéis convencido, ya nos vamos.





Ha pasado ya medio año desde aquel 20 de febrero, día en el cogimos nuestras entonces relucientes mochilas y embarcamos hacia Buenos Aires. Desde entonces no ha habido ni un solo día en el que no hayamos pensado que fue la mejor decisión que pudimos tomar, poder escuchar lo que dicta tu corazón y dejar que él te guíe en el camino, es algo que te llena de una energía y un optimismo capaz de sacudir de un plumazo todos los problemas que te encuentres en ese camino y en cualquier futuro. Es una lección muy valiosa para nosotros y esperamos no olvidarla nunca, de momento seguiremos cumpliendo nuestros sueños pasito a pasito, disfrutando de esta vida.




By Pere&Didi.

4 comentarios:

  1. Com molen les fotos! Buuuuuuuuuuf i molt serio el serio el text! Mooolt! Desde "estudiar aeronáutica para abrir un grifo" fins a "larga como un día sin wifi" i acabant amb la reflexió final! ole parella! Olé! Jo he tingut la sort de viure 3 "20 de febrer" i alguns més que cauràn! joojjoo! Ni idea q a Cambotja hi han illes paradisieques... Bona troballa! Gaaaaaaaaaaaaaaaaaaas la volteretta! Chema

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Chema!! Tio el teu proper 20defebrer jo vull estar allà amb tu on sigui que vagis!! Despres de Phillipines sembla mentida que hi hagi illes millors, però com mola quan trobes alguna perla d'aquestes desconegudes! Ja has anat a argentina?? Una abraçadaaaa!!

      Eliminar
  2. Preciosas fotos y lugar, ¡me lo apunto en mi lista de futuras vacaciones!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gon!! Casi casi diría que esto es mejor que Koh Lipe!! Jeje, aunque lo que te tienes que apuntar en tu lista es la costa brava para el año que viene con tu grupo thai, seria genial coincidir alli!!! Un abrazooo

      Eliminar