jueves, 8 de agosto de 2013

HANOI: I LOVE CAOS



Llegamos a Hanoi a las 9 de la noche en un minibus local en el que no cabía un gallo más, y nos encontramos de lleno con el caos del que todo el mundo sale huyendo, pero tras un tiempo en Vietnam ya no nos iban a asustar tres o cuatro estampidas simultáneas de motos. Parecía imposible encontrar una habitación, ya no silenciosa, por lo menos una en la que los vidrios no temblaran al rugir del tráfico, pero ya se sabe que lo difícil se consigue y lo imposible se intenta y nosotros conseguimos una habitacioncita en pleno corazón del barrio antiguo de Hanoi, donde se apreciaba de forma ténue y agradable cada latido de la ciudad.




El calor sofocante que hace en Vietnam hace que se te quiten las ya de por si pocas ganas de hacer ejercicio. Así que se nos ocurrió levantarnos muy prontito, justo a la salida del sol para correr alrededor del lago Hoa Kiem, que señala el centro de la ciudad. Pensábamos que iba a ser una carrera tranquila y solitaria a orillas del lago pero cuando bajamos a las 6:00 de la mañana (si Papá, has leído bien) estaba claro que llegábamos los últimos a los ejercicios matutinos que parece que todos los vietnamitas tienen por norma. Montones de gente paseando, ancianos haciendo sus estiramientos bajo los primeros rayos de sol y grupos haciendo taichi guiados por una musiquilla pegadiza. Era un ambiente que invitaba a moverse y tal es la energía que se respira que hasta Didi se animó a juntarse a un grupillo de vietnamitas que hacían taichi. El estar alejada del grupo no impidió que unas señoras se pusieran a su lado para corregirle algunos movimientos (más bien todos los movimientos), esto acompañado de las amplias sonrisas que te dedicaban hicieron de esa mañana un gran comienzo de día. Era como formar parte de una gran obra de teatro.




Hacer ejercicio al alba parece que sea una ley de obligado cumplimiento en Vietnam, y nosotros contribuíamos a la buena salud pública con nuestro humilde running alrededor del Lago. Seguimos pensando lo meridianamente diferentes que somos los europeos y los asiáticos, o al menos éstos asiáticos, en España sería imposible ver a tal cantidad de gente mayor haciendo ejercicio de bueña mañana! Tras los desayunos, que no los quemamos ni con tres maratones, estábamos listos para conquistar cada punto cardinal de la ciudad.




Si algo hicimos en Hanoi fue caminar, sin descanso y a menudo sin rumbo fijo. Un destino que no queríamos dejar de visitar era el Hanoi Hilton, que es como irónicamente llaman a la antigua cárcel de los presos políticos, la prisión de Hoa Lo. Celdas, torturas y más dolor para este país que ha aguantado lo indecible. El edificio ocupaba una manzana entera, pero ahora está tan integrado en la ciudad que alberga un edificio de oficinas en medio del patio de reclusos.




En general los vietnamitas utilizan la moto hasta para pasear al perro, y en cada esquina te encuentras a tres o cuatro mototaxi ofreciéndote llevarte a cualquier rincón de esta loca ciudad. Deporte de riesgo. Aunque para un vietnamita llevar a una dos o tres personas en la moto no representa un problema grave, son como las hormigas que pueden transportar 7 veces su peso a lomos, a veces ni se aprecia que debajo de tanta mercancía en movimiento hay un motorista. Igual de peligroso que salir despistado de tu casa o de una tienda y que pase el tren a pocos centímetros de la "acera"... Bueno, en realidad no vimos el tren pero sí la vía!






Nosotros seguimos caminando hasta la Universidad Van Mieu o Templo de la Literatura, antigua universidad del país dónde uno podía estudiar y aprender todo tipo de artes, cualquier cosa menos aprobar; Era tan sumamente difícil que en 500 años sólamente llegaron a graduarse 82 personas... poca feina. En conmemoración de ellas, sus nombres están escritos en unas lápidas, mejor no buscarle interpretaciones a esto.




Al salir de clase sólo nos apetecía hincharnos a birras, así que mapa en mano nos adentramos en los intrincados callejones de la antigua ciudad en busca de... problemas, porque cerveza había poca por allí... Desde que viajamos juntos hemos sido muy dados a encontrarnos sin querer en los llamados por nosotros "barrios pochos". Tal vez no hayamos encontrado todos los must de cada ciudad que hemos visitado, pero podemos asegurar que sí hemos sido capaces de hallar siempre las zonas chungas sin necesidad de mapa. En Hanoi el entramado de callejuelas es tan laberíntico que es absolutamente imposible no perderse, e incluso llegar a temer por encontrar un salida. Las calles pierden el nombre, número y ancho, y al final nos encontramos caminando ya sin rumbo ante miradas extrañadas y no del todo amistosas. Después de una hora con la media sonrisa forzada y el culo apretao, llegamos a una calle algo mayor donde ahora sí, pudimos relajarnos y celebrarlo con unas merecidas cañitas.




Con lo que nos gusta comer, cómo puede ser que no nos guste el "phó", el plato emblema de este país? Decidimos darle una última oportunidad, y tras buscar mucho recalamos en una taberna de mala muerta recomendada por un viajero que lleva años viviendo en Hanói, el número 13 de la calle Lo Dúc. Por fin!! Entre taburetes y ollas probamos el mejor "phó" que recordamos e hicimos a medias las paces con la comida vietnamita.




¿Turistada o no turistada? Esa es la cuestión. A medida que pasa el tiempo es la pregunta que más indecisión nos provoca. Estábamos a tres horas de una de las 7 Maravillas del Mundo Natural, la Bahía de Halong, y ya nos habíamos pasado por el forro el río subterráneo de Filipinas que también está incluido en esta lista porque nos venció la pereza. En este caso el plan tampoco parecía muy tentador ya que se trata de montarse en uno de los mil barcos que pasean sus proas entre peñascos y bajarse y subirse del mismo cuando el pastor berrea. Finalmente nuestro sentido del turista nos llamó al orden e hicimos la excursión pero sólo de un día, que no se diga que no lo intentamos. 




Llegamos después de 3 horas de furgoneta al puerto y nos montamos en un gran barco de madera. Hay que decir que hacer la bahía de Halong por cuenta propia es prácticamente imposible, y no nos quedó otra que hacerlo en tour, aunque eso siempre te brinda la oportunidad de conocer a gente, como Guido y Camelia, dos milaneses muy simpáticos con los que compartimos el día. La verdad es que las vistas de la Bahía son espectaculares, con cientos de peñascos kársticos que parecen perfectamente colocados en medio de un mar verde esmeralda. Lo mejor fue tomar un kayak y remar entre aquellas moles de piedra, aunque no pudimos dejar de acordarnos de nuestras Phillipines, que todo sea dicho... no tienen nada que envidiarle a este entorno!!






Un par de paradas con el barquito en unas cuevas impresionantes pero tan decoradas e iluminadas que parecen de cartón piedra y vuelta a la furgo para otro tostón de viaje de vuelta a Hanoi. Visitar la bahía de Halong en un día no es lo más recomendable pero la otra opción era estar tres días y pagar mucho más dinero, y no queríamos ni una ni otra, así que Ha Long Bay vista, muy bien, muy bonito, encantados de conocerte pero esta gente se tendrá que ir que tendrán sueño.




What's next? Al llegar a Hanoi llovía y la previsión para ir al norte no era alentadora... Al norte está Sapa, dicen que bonito pero turístico, al Oeste Laos, dicen que... ni idea de lo que dicen de Laos. Pagamos la cuenta y... Ahora dónde vamos? Decide tu, donde sea estará bien hecho.




By Pere&Didi.


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