jueves, 12 de septiembre de 2013

COMO UNA OLA



Compras un ticket para un bus VIP, y no es que te imagines que vas a hacer el recorrido atiborrándote de canapés de beluga, pero tampoco esperas encontrarte un carromato que a duras penas le aguantan las ventanas puestas. Lo malo es que el billete se compra de antemano en cualquier agencia de Khao San Road y cuando vas a subirte a él en una estación perdida ya no puedes reclamarle a nadie por la mierda que te han colado. Excepto que pierdas los modales que con tanto ahinco tu madre te inculcó, te cagues en buda a grito pelao y te den los mejores asientos del bus, para asombro nuestro y de los demás ocupantes del buseto. Así llegamos tontamente y tras varios transbordos a Krabi, una región de Tailandia que es como una habitación con muchas puertas y detrás de cada una de ellas hay un espectacular paraíso diferente a todos los demás.




Los primeros días decidimos ir a descubrir este rincón famoso entre los escaladores y viajeros sin rumbo, Tonsai. Una playa y cuatro cabañas a los pies de unas impactantes y infintas paredes de roca kárstica desplomadas sobre aguas cristalinas. Allí abundan escaladores, equilibristas y el alojamiento más barato hasta la fecha, un bungalow por 100 Baths, unos 2,5€. Más barato que quedarse en casa, incluso habiendo pagado la hipoteca. Nos lo dijo el Tío Sam, otro boltañés de pro, un genio que adora la vida tanto como nosotros: Cuidado, Tonsai es un lugar del que te costará irte, vais a gozar como perretes chicos!!






La low season suele ser traidora en este rincón del mundo, amanece con un sol abrasador y al mediodía ya han pasado tres tormentas. Como a primera hora el cielo estaba impoluto, decidimos ir a recorrer las playas perdidas de los alrededores con un kayak, rumbo al sureste, y pasada la playa de Raylay, encontramos una calita perfecta para descansar y comer algo, las vistas de los islotes y el color del agua eran de pelíclula a la luz del sol. El problema viene cuando se va el sol... y llega la lluvia. El mar estaba revuelto y decidimos esperar un rato junto al kayak y unos monos muy cabrones que nos rondaban desde hacía rato. Sentados en la arena bajo una fina lluvia mirando al horizonte empezó a llegar un grupo de gente de visita en esa paradisíaca playa. De repente noto que se me tiran encima, rodamos, risas, abrazos, por fin nos encontramos!!! Ahí estaban todos, igual que siempre, igual de bien. 




El principal motivo por el que vinimos a esta zona de Tailandia estaba claro: Pau, mi gran Pau, Marc, Marta, Cris y Pablo, mis grandes amigos de Tàrrega estarían unos días de vacaciones en la zona, y teníamos que vernos como fuera!! Yo (Pedri) he pasado los dos últimos años en Tárrega, probablemente los mejores de mi vida rodeado de una gente increíble de la que sólo me llevé buenos recuerdos. De todos. Lo echo muchísimo de menos y sin duda dejar el trabajo fue la decisión más difícil de toda mi vida. Poder abrazar a Pau de nuevo, mi compañero de casa, fiestas, confesiones, risas y uno de mis mejores amigos me puso la piel de gallina. Nos pusimos al día tirados en la arena y quedamos en encontrarnos al día siguiente en la mítica isla de Ko Phi Phi, empieza la fiesta!




Pero antes una prueba de fuego, o de agua en este caso, volver a Tonsai con el kayak remando contra el mar revuelto que había dejado la tormenta. Mala idea, tan mala que una ola nos dió un revolcón tal que al salir a flote no sabíamos ni donde estábamos, ni nosotros ni el kayak. Todavía me estaba riendo cuando, yo (Didi) saqué la cabeza al mismo tiempo en el que se decidía a hacerlo el kayak, noté un enorme zas en toda la cara, y ya no me reí tanto. Conseguí librarme de la contundente mosca cojonera en la que se había convertido el kayak y noté que me corría un hilo de sangre por la cara, pero no porque lo notara yo, sino por los saltitos de Pedri desde la orilla que significaban, "¿y ahora qué hago yo con ésta?". Como los monos a los que preguntamos no sabían de suturas tuvimos que continuar remando hasta el pueblo con la que ya era una brecha impactante. Impactante para mí que me sentía como si viniera de la guerra pero no para los lugareños que me miraban como si me hubiese abierto la cabeza de borrachera... me río yo de la hospitalidad asiática.




Al darnos cuenta de las pocas opciones sanitarias del lugar en el que estábamos tampoco me pareció tan mala idea que los monos me cosieran la ceja, así que decidimos que era mejor tunearme la brecha con todo el material sanitario que se encontraba junto a los tigretones en un pseudosuper de la aldea. Tras el susto nos relajamos entre flautipérricos por última vez en la playa de Tonsai, esperando al atardecer para que bajara la marea para poder ir caminando por las rocas a la playa de Raylay, que es el pueblito de al lado. Segunda mala idea del día, esperar demasiado, tanto que se fue la luz y tuvimos que hacer los últimos metros a oscuras por las peligrosas rocas cargados con la mochila... pero como dice un sabio proverbio chino no hay que culpar al karma de las cosas que te ocurren por gilipollas (no sé si la traducción es literal pero viene a decir esto). Todo se compensó al llegar y encontrarnos solos, caminado juntos en una playa gigante en la que se reflejaban las primeras luces de esa noche cualquiera que ya no era una noche más, sino otro momento mágico en nuestro viaje. Lo redondeamos encontrando una habitación a buen precio en un resort de lujo. I love Low Season!




By Pere&Didi.

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