domingo, 29 de septiembre de 2013

SUKHOTAI: UN BUDA EN EL ARMARIO

Ya puede valer la pena el dichoso Sukhotai… Llegamos a las tantas de la noche desde Chiang Mai y decidimos dormir en la estación misma, en un hotelito de Thais y para thais donde nos trataron muy bien, confirmando otra vez que en cuanto te alejas de la onda expansiva turista Tailandia es de los mejores países de Asia. Allí mismo alquilamos las motos para la mañana siguiente visitar a nuestro aire las ruinas de la antigua capital del reino de Tailandia, una maravilla para los ojos.




Dos motos automáticas, una para Didi y la otra para Pedri y su nueva ave de cetrería, Juanmi, que acojonado clavó sus garras y ya no se soltó hasta pisar suelo firme, el mismo suelo que hace poco menos de mil años se convirtió en la flamante capital de este misterioso reino. Pasear por Sukhotai es tan sobrecogedor como hacerlo por Angkor Wat, además sin turistas!





Mires donde mires tu mirada se cruza con la sonrisa de un buda, una pagoda en medio de lago o algún templo hindú de valor incalculable. Otro lugar en el que sentirse Indiana Jones, aunque aquí el gran peligro no son indios cabreados o serpientes venenosas, sino las vacas!! En el templo de los mil elefantes, una joya arquitectónica perdida en mitad del campo, se me ocurrió (Pedri) acercarme un poco al templo e incluso vacilar a su guardiana, una vaca gigantesca que al oír mi “dejarme zolooo” me envistió y no me pilló de milagro! Didi y Juanmi aun se ríen de la capea tailandesa improvisada.




La extensión de las antiguas ruinas de la ciudad de Sukhotai es muy grande, pero con moto pudimos llegar a prácticamente todos sus rincones, perdiéndonos a placer entre los bucólicos campos de arroz y de conreo que rodean los templos. Didi llevó todo el día la moto acelerando como la que más e incluso consiguió que El Rapaz Juanmi accediera a darse un paseo con ella. La foto de los dos Escorial en moto es impagable!


Los templos son auténticas joyas, como el gran buda excavado en la roca dentro de un edificio que nos dejó a los tres con la boca abierta durante el resto del día. Es tan bonito que decidimos que sería lo último que veríamos en Sukhotai, a sabiendas de que tanta belleza era insuperable. Un buda gigante excavado dentro de una habitación gigante. Aún se nos queda la boca abierta de mirar para arriba buscando el fin. Debe ser lo más por estos lares porque hasta los novios vienen a hacerse las fotos del bodorrio.





Rematamos la visita a Sukhotai cenando en un bar muy mítico, lleno de tailandeses comiendo hasta reventar y viajeros probando los mil sabores de cocktels que hay en la carta. De allí ya fuimos directos a pillar el bus que nos devolvía a Bangkok, que por suerte nos dejó cerquísima del aeropuerto, aunque aún tendríamos unas cuantas horas de espera y de preparación espiritual para lo que venía. Shock, días de flipar, días de viaje, Myanmar. Hasta pronto Buda!!




By Pere&Didi.

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