martes, 15 de octubre de 2013

UN LAGO DESCONCERTANTE

Nuestro trekking Birmano, recordemos, el más bonito del mundo, terminaba al llegar al Lago Inle, lugar donde pasaríamos un par de días explorando los alrededores de un lago con mucha vida debido a la gran cantidad de pueblos que viven en sus orillas y lo más sorprendente, dentro de él.



La verdad es que la llegada a este lago no fue lo que esperábamos. Quizás nos habían hablado de un lugar mágico y místico, y puede ser que estas expectativas, como siempre ocurre con las expectativas, nos jugaran una mala pasada a la hora de valorar este lugar. Aunque tampoco es cuestión de esperar que todo vaya a ser una mierda para que no te defraude, porque si no terminarías por no ir a ninguna parte....Nos recogieron en el extremo del lago, lugar donde terminaba nuestra divertida caminata y nos llevaron en barquito hasta el otro extremo. Tardamos casi dos horas en cruzar el laguito, así podéis haceros una idea de la magnitud de la charca.




Los pocos barquitos de pescadores se perdían entre la cantidad de canoas atestadas de chinos y en las orillas se levantaban lujosos resorts para paquetes vacacionales. Aunque nosotros también formamos parte de la demanda turística que está modificando este país, es difícil acostumbrarse a estar un día durmiendo en una casa de mimbre donde se recolecta el estiércol de sus bueyes y horas después contemplar hotelazos con tumbonas de cuero. Y a veces Myanmar te sorprende con estos contrastes. He dicho.




Llegamos cansadísimos al pueblo, nos despedímos del gran Sam el galés y buscamos un habitación triple. Después de una obligatoria ducha salimos a ver qué se cocía  por allí. Pero no se cocía nada en especial, allí se freía, y mucho. Resulta que se celebraba su análogo a las fiestas de San Roque, y serán budistas y tendrán algunas diferencias con nosotros, como que sólo los hombres pueden entrar en los templos para pegarles a las figuras sagradas unas pegatinas doradas como ofrenda, pero la fritanga es una constante en cualquier verbena que se precie. Una vueltecita por la feria y de regreso al hostel a por otra obligatoria ducha.




Por la mañana buscamos a alguien que en barquita nos enseñara qué tiene el lago además de chinos, resorts y mierda, que lo hace tan especial. Un chico de nuestro hostel se ofreció a llevarnos y aceptamos, aunque primero debía protegerse del sol, claro está, esto es Asia y su ideal de belleza es la piel blanquita tirando a lechosa. Recordemos que hacía unos 55ºC a la sombra, y el tipo se calzó una chaqueta de cuero, guantes de nieve y le robó a su madre una pamela que hubiera hecho las delicias de Paris Hilton. Bien prevenido de los rayos ultravioleta y del oxígeno en general, nos enseñó varios pueblitos que hundían sus cimientos en las profundidades del lago, lugares de otro planeta.




Y así fue como conocimos pueblos enteros con sus casas, cafeterías e incluso oficina de correos! para ir de uno a otro cada casita tiene una balsa amarrada a las escaleras de madera que descienden de la puerta principal. Allí viven sobre todo pescadores, que ya puestos podrían sacar la caña por la ventana, sería el sueño de cualquiera, trabajar desde casa!!





Llamadme ignorante (tampoco os ensañéis) pero no puedo entender porqué esta gente no establece el pueblo cien metros más atrás, en tierra firme. Vas caminando de un sitio a otro y si se te cae algo del tendedero no lo pierdes corriente abajo. Aunque si llevan viviendo así centenares de años y rehacen sus casas una y otra vez de esta forma, a lo mejor es más útil como construyen ellos y estamos todos los demás haciendo el tonto. Nunca lo sabremos porque nosotros no lo vamos a intentar, nos conformamos con haber conocido tan de cerca el carismático Lago Inle, un lugar único en el mundo.





By Pere&Didi.

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