sábado, 19 de octubre de 2013

NWE SHAUNG

Con la melancolía típica que nos entra al despedirnos de alguien, y más habiendo viajado un mes entero con Juanmi, sólo había una cosa que podía alegrarnos los 3 días que nos quedaban en Myanmar: La Playa!! Pero qué playa? Aquí hay playa? vaya, vaya...




Myanmar no tiene muchas playas, pero lo poco que tiene es más que respetable, como la playa de Nwe Shaung en la que decidimos acabar nuestra visita a este espectacular país. Lo difícil, como casi siempre en este rincón de Asia, es llegar hasta allí, pues sólo hay un autobús diario a las 6:00 de la mañana desde Yangón, y estaba más que perdido, así que decidimos ir cogiendo autobuses e inventándonos transbordos para acercarnos lo máximo posible hasta la orilla...




Corrían las 4 de la tarde y uno de esos autobuses nos dejó en un pueblucho a 2 horas de nuestro objetivo. Al bajar, en una estación del fin del mundo en la que raramente deben aparecer rostrospálidos como nosotros, nos vimos rápidamente rodeados por unas 30 personas ofreciéndonos alojamiento, comida, bebida y lo que buscábamos, transporte! En tuk-tuk, en moto, en coche privado, en furgoneta, hasta querían llevarnos a caballo! Estuvimos una media hora negociando con todos ellos para ver si bajaban un poco los precios desorbitados que nos pedían, hasta que al final explotamos en un ataque de risa al darnos cuenta de la situación cómica en la que estábamos, cargados con las mochilas y escribiendo en un papel los precios que queríamos pagar a las 40 personas allí presentes.





Finalmente decidimos que lo mejor era llegar esa tarde como fuera a Nwe Shaung, que nada de dormir ahí, y entre la multitud, que ya eran más de 50, gritamos el veredicto final “!Motorbike!”. De repente un revuelo descomunal, todos riendo y aplaudiendo y repitiéndose entre ellos “motorbike, motorbike”. Al cabo de poco aparecen dos ángeles del infierno birmanos, nosotros nos santiguamos, cargamos las mochilas en sus motoretas y nos decimos Alea Jacta Est, que sea lo que éstos quieran!




Estuvimos una hora y media en las motos descubriendo aun más paisajes imposibles de esta zona tan desconocida de Myanmar, cruzando puentes de madera y esquivando búfalos hasta llegar a destino bien entrada la noche. Aún estando muy cansados los chicos de las motos nos acompañaron a un par de hostales donde pudimos conseguir un bungalow justo enfrente de la playa a muy buen precio. Pon una Low Season en tu vida!





La playa era larguísima, tanto como el amanecer o el atardecer, y dedicamos los dos días enteros en Nwe Shaung a descansar de este precioso pero agotador país, a leer, a escribir, a dar infinitos paseos por la playa y a comer los mejores noodles con calamares del país. Nuestra cabaña estaba a una media hora de camino hasta el pueblo, así que nos pasamos el día caminando arriba y abajo por la playa. Cap problema.




Todo iba genial hasta que descubrimos que el lugar estaba plagado de serpientes, y dejamos de caminar con tanta ligereza y decidimos quedarnos más quietecitos dentro del bungalow… con todo cerrado! Si, es cierto, tengo fobia absoluta (Pedri) a estos preciosos animalitos… Del infierno. Pero en un arrebato de intentar superar mis miedos incluso me atreví a ahuyentar alguna que merodeaba cerca de la cabaña con un palo de unos 5 metros de largo, no vaya a ser que se revuelva y tenga que salir corriendo!




Los atardeceres en la playa de Nwe Shaung son de un color muy cálido, y hay tanto espacio libre que todo adquiere dimensiones gigantescas. Es impagable estar sentados contemplando el cielo maquillarse para la noche y ver pasar un caballo al galope recortado por los últimos rayos del sol, aunque debe ser aún mejor estar subido en ese caballo!




Y antes de que nos cansáramos de descansar ya nos tuvimos que volver. Se acabaron los paseos por la playa, los saltitos, los templetes construídos encima de una roca con marea baja y los squid noodles, nuestra etapa en Myanmar acaba aquí...





Y ha sido sencillamente espectacular, salvando los malos tragos que puedan acontecer en forma de aguas negras a la altura de la rodilla o la terrible suciedad que hay por todos lados, hecho que tristemente sirve para definir o matizar muchos lugares de Asia. Pasar en tren por el desfiladero de Gokteik, vivir la jornada en barco hasta Bagan, ver amanecer sobre los 4.000 templos o hacer el trekking más bonito del mundo junto con Sam y Mostaffa, conocer la vida flotante del lago Inle y acabar saboreando los atardeceres en la costa de este extraño y auténtico país ha sido una experiencia de lo más intensa en este viaje, y sobretodo conocer a su gente, la más simpática sin duda de todo el sudeste asiático en nuestra opinión, y comprobar cómo no hace falta tener o poseer absolutamente nada para sonreír.




By Pere&Didi

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