lunes, 28 de octubre de 2013

AQUÍ HUELE A MUERTO...PUES YO NO HE SIDO

Tras despedirnos de Laura y Bruno inmensamente felices por el fin de semana que nos habían regalado, nos perdimos entre 7 y "n" veces hasta conseguir salir de Auckland, que está al norte de la isla norte. Decidimos poner rumbo al sur hasta que ya no pudiéramos bajar más. Eso sí, parando cada 5 minutos para soltar un gran OOOOOHHH con los ojos muy abiertos. Será por las ovejitas pastando tranquilas en las verdes colinas de la comarca Bolsón? Será porque llevamos toda la casa a cuestas en nuestra flamante campervan? Todo nos parece perfecto. Será porque huele a...mmmm espera un momento, a qué huele aquí? Ah si, Rotorua...




La primera parada que hicimos fue en este curioso pueblo llamado Rotorua. Es una población rodeada de géisers y lagunas termales, esto puede sonar muy prometedor en principio pero la realidad es que.... aunque sea muy pintoresca emana un olorcete a huevos podridos que tumba. Aparcamos la furgo en medio del parque de géisers, y eso es una constante en el país, puedes aparcar en todos lados en la misma puerta allá donde vayas (esto también lo echaremos en falta). Y es que Nueva Zelanda es la mitad que España en extensión y tiene sólo 4 millones de habitantes!




Otra constante en el país es que todo está señalizado de maravilla, digamos que deja poco lugar a la aventura, pero tras tanto tiempo rodando por Asia estábamos más que encantados con las comodidades que nos ofrecía Nueva Zelanda. Más que encantados estábamos empezando a enamorarnos seriamente.

Dimos un paseo por la zona de géisers, nos dejamos envolver por su baja niebla, y pudimos comprobar que cada casa estaba provista de un pozo humeante que ambientaba el jardín con su eau de pudrit. Preguntándonos como es que la gente vive allí tan feliz, no pudimos contener más la respiración y volvimos a casa, nuestra campervan!




Con tanta parada voluntaria pero imprevista se nos echó el tiempo encima y vimos claro que no llegaríamos al primer destino que nos habíamos propuesto, que era llegar al parque nacional del Tongariro. Luego explicamos lo que es, aunque ya todos lo sabéis, creedme.

De hecho vimos claro que lo que debíamos hacer era dejar de ser el perfecto turista, no volver a planificar ningún destino y dejar que la campervan nos llevara por los rincones más insospechados de Nueva Zelanda. 7 p.m y ya era de noche, se acaba nuestra dura jornada laboral. Un poquito de gorroneo del wifi gratuito del McDonalds y a pasar la noche en una explanada delante de lo que parecía ser un gran lago y con un baño reluciente y en perfectas condiciones (a estas alturas del viaje, esto no puede menos que arrancarte una sonrisa de satisfacción).




Fue aquí donde empezamos a darnos cuenta de porqué Nueva Zelanda es tan especial, porque desde el primer minuto que pisas el país te da la sensación de que todo está puesto para que te sientas lo más a gusto posible en su país. Necesitas un baño? Gira la cabeza y en menos de 360º encontrarás un baño público gratuito mil millones de veces más limpio y agradable que el baño más caro de Asia. Sentimos ponernos pesados con ese tema pero es que en ese momento, es algo de vital importancia.

Habíamos aparcado justo delante del lago Taupo, el más grande de todo el país, y ahí mismo pusimos a prueba las capacidades de cocina de la campervan, aunque tampoco le exigimos demasiado. Pusimos la olla con agua en el hornillo de gas y tras 10 minutos de pelea y risas teníamos hecha la sopa, la primera de muchas, tan mona que daba pena comérsela. Al buche, que pena ni que leches. Nos dormimos mirando las estrellas y escuchando el rumor de las olas del Lago, soñando con soñar lo que haríamos al día siguiente.




Igual que atardece pronto, también el sol se levanta temprano, sobre las 6 a.m, y nada más levantar la cabeza la imagen del gigantesco lago Taupo nos hizo olvidar los dolores de espalda e incomodidades que supone dormir en un espacio tan mínimo. Pero era nuestra home y estábamos más que satisfechos con los momentos que nos brindaba!

Empezamos a acostumbrarnos a la rutina de desperezarse e higienizarse en los baños públicos, desayunar un café caliente en la misma campervan con unas increíbles vistas cuando la isla se despierta poco a poco. Os puede parecer mentira pero decidimos que no nos importaría conservar esa rutina por muchísimo tiempo.




Ya hemos dicho que la densidad de población de Nueva Zelanda es bajísima, tanto que desde que empezamos a conducir pasaron un par de horas hasta cruzarnos con otro vehículo, cosa que hace muy idílico conducir por sus carreteras. Muy de anuncio, de ir con la manita haciendo olas por la ventana.


Llegamos a los pies del Tongariro National park, dispuestos a todo y con ganas de emprender uno de los trekkings más famosos del planeta. Eso claro está, en el supuesto de encontrar el camino par empezar a caminar, ya que había una niebla tan densa que no se veía a 3 metros. Acompañado de un gracioso chirimiri. Y frío. Pero ande vais zumbaus? Es lo que vino a decirnos el guarda forestal del parque en su perfecto inglés, recomendándonos encarecidamente esperar al día siguiente para acometer el trekking.




Que por qué teníamos tantas ganas? El Tongariro Alpine Crossing está considerado el trekking de un día más famoso del planeta por sus increíbles vistas, propias de otro mundo, está en el parque nacional más antiguo de Nueva Zelanda, y básicamente ¡¡es Mordor, la casa de Sauron, el señor oscuro de Lord of the Rings!!

El volcán del Tongariro es el conocido Monte del Destino, donde se debe tirar el anillito de marras para que se funda y revienten todos los orcos ya de una vez. Mítico. Así que no era por las vistas ni por los volcanes... íbamos para tirar al pesado de Frodo si daba la casualidad de que nos lo encontrábamos. Pero con niebla es como ir a caminar por la calle yendo al trabajo un lunes de febrero, mirando al suelo y esquivando charcos. Queda claro que debemos esperar.




Ese día "perdido" lo dedicamos a hacer alguna leve caminata por los alrededores para desentumecer articulaciones y músculos contracturados por el conocido síndrome de la campervan, y tomar un chocolate caliente hartos del chirimiri que según dicen es muy típico kiwi...

La belleza de este país es tal, que las caminatas sin importancia en los alrededores del Tongariro te llevan a lugares espectaculares, como el blue lagoon que encontramos tras caminar un par de horitas. Cuando estábamos alabando este gran lugar se puso a llover absurdamente y volvimos en menos de una hora, aunque igualmente llegamos a la furgo empapados, y aquí no hay ducha que valga...




Al caer la noche nos enfrentamos por primera vez a un problema que se convertiría en recurrente: Dónde dormimos??? Se supone que todo el país es "free camping" y puedes aparcar y dormir en cualquier rincón, peeeeeeero, el gremio de hostelería se ha emperrado en que prohíban acampar en las zonas más turísticas y conocidas. Claro está que por prohibido que esté uno puede arriesgarse a dormir donde sea, mientras no aparezca uno de los famosos Rangers para meterte el multazo de 200$. Qué hacemos, arriesgamos o nos vamos lejos para dormir y mañana volvemos?




By Pedri&Didi

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