viernes, 8 de noviembre de 2013

EL BUENO DE MILFORD


La tranquilidad de consciencia no tiene precio, y la única vez que nos decidimos a dormir en un camping fue un acierto total. El Knobs Flat es algo tan sencillo como una casita en medio de un prado. En la casita estan la cocina y baños y en el prado descansan las campervans y sus jinetes. Eso sí, rodeados de altísimas montañas, riachuelos, naturaleza y una ligera brisa marina que avisa al viajero de que se está acercando a Milford Sound, el espectacular conjunto de fiordos del sur del país, mirando de reojo a la Antártida, casi nada!




Salimos del Knobs Flat sin grandes esperanzas, pues el día no invitaba a nada y mucho menos a darse un meneo con barquito entre fiordos y focas. Como dijimos, ni al llegar la noche anterior ni por la mañana había nadie a quien pagar la noche de camping, así que decidimos ir tirando hacia Milford y a la vuelta volver a parar, lo de deslizar el dinero por debajo de la puerta nos pareció demasiado naif.




La sorpresa fue que a medida que nos acercábamos el sol fue apareciendo luchando a codazos con las nubes para estar en primera línea, y al llegar el día había cambiado por completo, así que ni lo pensamos y nos montamos en el primer barquito que pillamos. Perdón, el primero no, el más barato. O mejor dicho EL barato, porque todos los demás eran prohibitivos. Básicamente el de la compañía Jucy, que es la misma que la del alquiler de campervans. La broma salió a 75 dolorosos dólares, y aun a día de hoy si me preguntan si valió la pena no sé qué responder.




El recorrido dura unas 2 horas, hace frío, hay focas aunque pocas, algún delfín y paredes de roca altísimas y abrumadoras rodeando por completo el barquito. Supongo que con un solazo de escándalo se aprecia mucho más el increíble escenario que representa Milford Sound, donde también se grabaron algunas partes de "LOTR". Nos gustó el enclave, nos gustó la experiencia, nos gustó el viaje hasta llegar a Milford Sound, que por cierto está a tomar por saco de todo y hay que ser muy previsor con el gasoil, pero no nos enamoró la travesía del barco en sí, por eso se nos hace difícil recomendarlo con la vehemencia con la que recomendamos otros lugares, como el Tongariro, sin ir más lejos.





Volvimos por el mismo camino y paramos en Knobs Flat para pagar la noche anterior, ya que el buen hacer y la honestidad de los neozelandeses se nos contagió hasta el punto de borrar todo rastro de las pillerías aprendidas en otras tierras. El dueño ya estaba y ni se había enterado de que habíamos estado allí, así que pagamos por puro placer, y nos fuimos con una sonrisa a perdernos entre las montañas y comer algo calentito, es decir, sopa, porque el hornillo de la campervan es fantástico pero no da para preparar una paella pa 8.




encontramos un paraje perfecto, en una llanura rodeados de abetos dispersos, tan perfecto que había hasta mesas de picnic, tan perfecto que había hasta una fuente de agua natural, tan perfecto que... Estaba lleno de sandflies!!!! Cuando nos quisimos dar cuenta ya teníamos el interior del coche lleno de estos infraseres de satanás, así que tuvimos que comer sujetando en una mano la cuchara y con la otra ir aniquilando sandflies como si de orcos de mordor se trataran. Todos somos Frodo.




Tras el festín (que se dieron las sandflies) era hora de dar un nuevo paso en el viaje, queríamos más y más y decidimos cruzar toda la isla sur rumbo a Dunedin, ciudad estudiantil de la que teníamos buenas referencias, repleta de bares, bibliotecas y gente con ganas de gente, como si fuera la Salamanca Kiwi. Antes de llegar a Dunedin decidimos tomar una ruta llamada Southern Scenic, no necesita traducción, una carretera a priori repleta de puntos de interés que te conduce por toda la zona sur llamada "The Catlins" un paraíso de fauna y flora. Como ya era tarde decidimos recorrerla al día siguiente, así que tomamos un descanso en Te Anan, donde hicimos una laundry que no sirvió para nada, pero nos dejó media hora de relax para tomar una cerveza en el "Fat Duck", otro bar con problemas de wifi. Dormimos en medio de una granja camino a Manapouri, y nos pasamos el resto de la tarde jugando con un erizo que paseaba tranquilo junto a nuestra cena.





A la mañana siguiente nos dirigimos hacia Invercargill y "Los Catlins", con las expectativas donde nunca hay que tenerlas, por las nubes. la verdad es que recorrimos Los Catlins y la ruta escénica rápido y con pocas paradas, porque en general algo tiene que ser muy muy interesante como para que el frío y un viento espantoso no te quiten las ganas. En una de estas paradas conseguimos otear pingüinos llegando a la costa (no te puedes acercar porque se estresan sobremanera y eso afecta a su reproducción, ojito). Aunque más que paradas lo que nos dejó la ruta fueron detalles, a medio camino entre el lejano oeste y la fantasía, como esta preciosa caravana/museo/juguetería/ llamada "The Lost Gipsy Gallery", donde un inventor apasionado de los engranajes ha montado un auténtico mundo paralelo de aparatitos y antigüedades electrónicas en el interior de su caravana. Genial.






Tanta parada extravagante nos retrasó y no pudimos ver las "Cathedral Caves", unas cuevas que sólo se pueden visitar durante 2 horas al día debido a que la marea las inunda muy rápidamente. Mala planificación. Eso sí, tuvimos tiempo a ver pequeñas joyas como este pueblo llamado "Cosy Nook", formado literalmente por 4 casitas de pescadores, justo antes de llegar a Dunedin, al final de un camino y al final de una tarde. No sabíamos muy bien qué nos esperaba en esta ciudad neozelandesa, sólamente sabíamos que aquí se encuentra el bar más pequeño del mundo, la calle más empinada del mundo y la mejor cerveza casera del... mundo?





By Pedri&Didi

1 comentario:

  1. SI AÚN OS QUEDAN GANAS DE VIAJAR CAMPERVANS, CUANDO ESTEIS EN HONTALBILLA, SE LO PODEIS DECIR A ANDRES. HA CAMBIADO SU COCHE POR UNA WESFALIA (LO MISMO QUE LA VUESTRA PERO DE LA MERCEDES). A LO MEJOR OS LA ALQUILA
    JUAN

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