domingo, 19 de julio de 2015

Y ESTE ES EL PAÍS MÁS BONITO DEL MUNDO

La decisión estaba tomada desde hacía días, Nueva Zelanda se convierte, con mucha ventaja, en nuestro TOP 1 de los países visitados. Llegábamos a Christchurch dispuestos a aprovechar nuestro último día en este paraíso, un país del que jamás nadie podrá decidir con buen criterio cuándo dejarlo atrás. Y para presentarle nuestros respetos debidamente decidimos hacer una rápida parada en una especie de hostel / polideportivo para una ducha rápida antes de salir a comernos Christchurch.



No teníamos mucha idea de en qué estado se encontraría la ciudad tras el terremoto de 2010 que literalmente destrozó todo el centro, habíamos oído rumores de ciudad fantasma, de no poder acercarse al centro bajo pena de arresto, ni tomar fotografías. La realidad es que aparte de haber montado un grandísimo dispositivo para la rehabilitación de todo el centro con cientos de personas y máquinas trabajando día y noche, se puede decir que Christchurch ha sobrevivido bien al terremoto y en breve estará totalmente recuperada y más allá del centro, la ciudad sigue con sus quehaceres.




Teníamos intención de pasar por el museo de la ciudad pero decidimos dejar el paseo para el día siguiente, día de vuelo tardío. Pusimos rumbo a Akaroa y la península Banks, un conjunto precioso de bahías a pocos km de Christchurch. Akaroa es un puertecito bonito y afrancesado, agradable pero sin mucha gracia. Afrancesado. Por el camino cogimos fuerzas con una cata de vino en "The French Farm" y comimos en la misma bahía, solitaria pero llena de vida. El menú: Garbanzos camperos de otro hemisferio, sublimes. El paisaje: Mesita de madera dispuesta en la misma orilla, rodeados de pacientes embarcaderos de colores, activos pero silenciosos.






De ahí fuimos a Lyttleton atravesando toda la península Banks sin dejar de ver el mar ni un sólo instante, impotentes y enfadados por el paso del tiempo que nos separaba a cada segundo de este precioso sueño que ha sido recorrer Nueva Zelanda con una caravana. Cenamos un burrito en Lyttleton y tomamos cerveza en un mítico bar de la zona, "Port Hole" con música muy kiwi en vivo. Seguimos tristes la actuación, demasiado conscientes de estar ya despidiéndonos de esto.



Teníamos grandes expectativas para esa última noche, y como siempre pasa con las grandes expectativas no se cumplieron al cien por cien, así que resignados aparcamos la furgo en una playa cercana, "Cass bay", donde poder descansar tranquilamente y desear que a la mañana siguiente estemos llegando de nuevo al país para volver a recorrerlo. No cambiaría nada de todo lo vivido en Nueva Zelanda, ni su gente, ni la comida, ni nuestras mágicas noches en la campervan ni por supuesto la ruta realizada. Hemos pasado 20 días riendo, comiendo, jugando, leyendo, contemplando el mundo, charlando, conociéndonos más aun y queríendonos en la caravana. Es muy triste despedirse de todo esto, aunque nos llevamos la inmensa alegría de haber compartido esta experiencia, happyness only real when shared. (momento cursi en 3, 2, 1...)


Ya. Despertamos en la playa y desayunamos en sus bancos y mesas, sólos nosotros y el amanecer, con el frescor cálido de la mañana, ese frescor que te promete que en un ratito estarás más caliente, que te recuerda que el sol también necesita su tiempo. Recogimos, montamos en la van y tras mirar infinitas veces hacia atrás cruzamos el túnel de Lyttleton que te lleva directo a Christchurch centro.




Vimos el museo, genial y gratuito, paseamos por la zona cero y descubrimos el Re-Start, un centro comercial hecho con contenedores gigantescos (de los de transporte marítimo), los mismos contenedores que se usaron para empezar a reconstruir la ciudad tras el terremoto.




Tomamos el último café en Addington, en CO-OP, un bar/ong/biológico/muy cool, y nos dirigimos directos a la oficina de Lucky Rentals a devolver nuestra casita. Todo ok. Demasiado ok. Nos hemos enamorado, de Nueva Zelanda, de nosotros, del futuro juntos. Estamos en el aeropuerto esperando el avión que nos llevará a nuestro último destino. Gracias NZ, el próximo país que visitemos deberá ser de otro planeta para conseguir un hueco en nuestro corazón, porque hora mismo está todo ocupado por dos islas verdes, nobles y carismáticas. Pero espera, que todo puede ocurrir, quién sabe lo que nos deparará el siguiente destino... ¿A qué hora llegamos a Melbourne?




By Pere&Didi